Capitulo 3:
Yves acababa de llegar al comedor, y no había nadie. Tan solo los sirvientes estaban arreglando la mesa para los comensales y adornándola con flores y fruta fresca. Se quedó embelesado mirando los tapices de aquella sala.
Al contrario que el comedor del palacio de sus padres, este estaba decorado con tapices representando varias estaciones del año. La mas común entre ellos, la primavera. Todo eran flores, y animales…además de un hermoso riachuelo. Eran realmente bellos.
- Te gustan – dijo la princesa que había estado observándolo.
- Si…son realmente preciosas – dijo el príncipe sin darse la vuelta.
- Yo misma los elegí – dijo sonriente acercándose a su lado - …odiaba los tapices bélicos que mi padre tenía colocados aquí – añadió a la vez que notó como el príncipe se sorprendía al fijarse en ella – encantada… soy la princesa Celeste – dijo tendiéndole la mano.
- Yo soy Yves alteza – dijo este mostrando sus respetos.
- Encantada – dijo ella haciendo una reverencia y mostrando sus respetos , a la vez que lo miraba fijamente haciendo que el príncipe se pusiera nervioso.
- ¿Qué mira con tanta indiscreción? – preguntó él – sino es mucho indagar en sus bellos pensamientos – añadió.
- Tan solo me preguntaba de donde salieron tantas habladurías infundadas – dijo ella sonriendo.
- ¿Qué habladurías? – añadía el sonriendo a la princesa.
- Pues las que dicen que eres un ogro igual que tu padre – dijo para después pausar un momento y pensar – además de nada cortes, poco atractivo… - añadió.
- Vaya… - suspiró el príncipe.
- Si, aunque a mi no me pareces nada ogro, y poco atractivo – dijo ella y cuando se dio cuenta de la libertad de sus palabras, se sonrojo sin poder evitarlo.
- No te sonrojes – sonrió el – estás aun mas bella que los tapices si lo haces – dijo el de forma directa viendo como la princesa se giraba – lo siento, lo siento Celeste… no fue mi intención ofenderos – dijo el arrodillándose.
- Levántate por favor – decía ella.
- Lo haré pero te debo una disculpa mas firme – añadió el a la vez que pensaba - ¿quiere acompañarme a pasear por los jardines esta misma tarde? – le dijo el.
- ¿Me está pidiendo que nos veamos? – añadió ella sorprendida – si mi padre no se opone, lo haré de mucho gusto príncipe Yves – dijo y en aquel momento el rey entro en la sala.
- Vaya, vaya – dijo el rey – veo que ya me salté las presentaciones – añadió acercándose a los jóvenes - ¿Mi hija te trató bien? – le preguntó a Yves.
- Por su puesto majestad – contesto el – tiene una hija bellísimamente amable – dijo mirándola y viendo como aun se sonrojaba.
- Padre, sentémonos… la comida ya está a punto – dijo Celeste señalando la mesa.
Tanto el príncipe como el rey, se acercaron tras la princesa a la mesa. Pero el joven, esperó a que el rey se sentara y de forma educada, ayudo a Celeste a sentarse en su silla…siendo él, el ultimo en tomar asiento.
El rey había dispuesto cordero asado y varios acompañantes para la comida de hoy, así que la mesa estaba repleta de ricos manjares. Celeste entre plato y plato, no podía quitar los ojos de encima de Yves… e Yves, tampoco de ella. El rey se percató de la situación, y pese a que el reino francés y el lombardo, no se llevaban nada bien… no hizo caso de la química entre los jóvenes y continuó como si nada, disfrutando de aquel maravilloso manjar.
- Padre… - dijo Celeste cortando el silencio entre ellos – el príncipe… - hizo una pausa notanto la mirada de Yves sobre ella – quiere que ambos vayamos a ver los jardines de palacio esta misma tarde – añadió - ¿me da su permiso? – dijo ella.
- ¿Los jardines? – preguntó el mirando a Yves – claro que sí hija mía… - añadió el hombre – dile a Anna que disponga de un picnic y así podréis hacer un pequeño almuerzo antes de la cena – añadió el.
- Gracias señor – añadió el joven sonriente – cuidaré de su hija – dijo de nuevo.
- He estado pensando, príncipe Yves – hizo una pausa el rey – que en palacio, siempre que tenemos un huésped… - añadía – solemos hacer una cena y baile de despedida – volvía diciendo - ¿Qué os parece?
- Me parece maravilloso – añadió él – mientras la princesa Celeste sea mi acompañante durante la noche – dijo el mostrando sus respetos.
- Mi hija no está acostumbrada a estos bailes, pero si a ella le gusta la idea…no tengo por qué oponerme a su petición – contestó el rey – que dices Celeste, ¿aceptas la invitación del príncipe? – le preguntó su padre dejándola perpleja.
- Si… claro – dijo ella sonriendo – será todo un placer príncipe Yves – suspiró ella.
Tras escuchar como la princesa aceptaba su petición, Yves se revolucionó por dentro. Celeste le había cautivado, y algo en su interior le decía que la amistad entre ambos evolucionaría más de lo que ambos podían pensar. Yves se había enamorado… pero, aún era temprano para saber si sus sentimientos eran verdaderos, necesitaba verla… conocerla, y cortejarla como una dama se merecía, y eso es lo que pensaba hacer… pero, para ello necesitaba la aprobación del rey.
Yves se marchó a su habitación poco después de acabar la comida. Su cabeza no podía parar de pensar en qué podría hacer para cortejar a la princesa, y fue cuando se percató de algo. La princesa siempre iba acompañada de su dama de compañía, así que después de escribir una nota para Celeste, en seguida supo a quién debía preguntar sobre esta. Se armó de valor y marchó camino a la alcoba de la princesa. Cuando llegó, le dijo al sirviente que llamara a la dama de compañía de la princesa… y esperó apoyado en la pared del pasillo, mientras esta aceptaba a salir un momento.
- Mi señor…. ¿a que se debe vuestra visita? – decía Anna nada mas salir de la alcoba de la princesa.
- Necesito vuestra ayuda… - añadía él – quiero cortejar a vuestra señora, y a penas se sus gustos y aficiones – decía Yves preocupado.
- ¿A dicho que quiere cortejarla, mi señor? – preguntó Anna sorprendida.
- Si, eso he dicho… - contestaba él algo nervioso - ¿os parece absurda mi decisión? – preguntaba.
- No señor… tan solo es…curioso – decía ella – Mi señora anda suspirando por vos en sus aposentos… - contestaba.
- ¿Suspirando por… mí? – decía el sorprendido - …entonces, dime… ¿Qué debería hacer?¿Le gusta algo en concreto…? – sonreía.
- Pues a la princesa le gusta la música, los paseos por el lago… ir a recoger flores, montar a caballo – añadió Anna – simplemente sea usted mismo… - dijo de nuevo.
- De acuerdo… pero… - añadió él – dale esta nota a tu señora – le dijo el entregándole un sobre pequeño – ahora me marcho – volvió a decir y se fue directo a su habitación.
Anna no pudo evitar sonreír tras ver al príncipe tan feliz mientras este, se marchaba a su alcoba. Jamás podría haber intuido que el amor de la princesa estuviera en otro reino distinto, y que el destino hiciera que ambos se encontraran. Estaba feliz por su señora… y corrió a darle la nota lo más rápido que pudo.
- Mi señora, el príncipe Yves me dio esto para usted – dijo Anna entrando en la habitación y entregándole el sobre a la princesa - está entusiasmado con la salida de esta tarde… y me pidió consejo sobre usted – le dijo – Dígame… ¿qué dice la nota si no es mucho indagar señora? – pregunto.
- Tranquila… - dijo ella sonriente – dice lo siguiente:
“Celeste… color del cielo al mediodía,
Rosadas, tus mejillas cuando sonreías.
Mi pecho grita tu nombre dama mía,
Añoro verla aun cuando no hace segundos
Que mis ojos la veían.
Es tanto el deseo que siento por dentro,
Que mi pecho salta al galope como un tormento,
Déjeme quererla, cortejarla y amarla,
Porque mi mente, mi corazón y mis labios,
Tan solo quieren cuidarla.
Ansioso por estar con vos, vuestro mas cordial amigo….. Yves
Nos vemos en el puente del lago a media tarde”
- Vaya… - dijo Anna al escuchar las palabras del príncipe - …a él le gusta usted, mi señora – añadió mientras miraba a la princesa estática en su diván de la ventana - ¿qué le ocurre?
- Estoy nerviosa Anna… - dijo ella – nunca antes un hombre se atrevió a escribirme algo así – decía Celeste – e Yves, él… - dijo suspirando – Dios mio… ¿Qué hago? – decía ella con su rosario en la mano - …mi corazón late fuerte al pronunciar su nombre, e incluso mis labios… - dijo tocándoselos con las manos – mis labios me ardieron al tenerlo frente a mi durante la comida… - decía ella - ¿o quizá fue el vino? – dijo provocándole una gran risa a Anna.
- Mi señora… - añadió Anna – eso son los efectos del amor… - suspiró – lo de usted con el príncipe Yves, se le llama flechazo… - hizo una pausa – o enamoramiento a primera vista – añadió – sea como sea, al príncipe Yves le gusta y a usted él… y eso es amor – dijo sonriente.
- Así que me he enamorado… - dijo Celeste con los ojos vidriosos – dios mio… mi padre… - añadió ella.
- A su padre no le tiene que decir nada mientras no esté segura… - contestó Anna – ahora simplemente disfrute de la compañía del príncipe… - añadió – déjese enamorar por él… - sonrió.
- Está bien…- dijo sonriente.
- Entonces preparemos su mejor vestido y hagamos que se vea linda para el príncipe – dijo Anna sonriendo y comenzando a buscar entre los trajes de la princesa.
- No Anna… prepara el rosa – dijo Celeste – creo que ese es perfecto para usarlo esta tarde – añadió sonriendo.
- Si señora… - dijo sonriente – preparemos ese entonces – añadió mientras lo sacaba y lo colocaba en la cama de la princesa a la vez que cogía unos pétalos de rosas y los frotaba contra el traje para aderezarlo con el aroma de estas.
La princesa, después de su rato de lectura habitual, se recostó para echar la siesta como estaba acostumbrada, aunque para decir verdad, no pudo cerrar sus ojos ni un minuto. Cada vez que los cerraba, su mente le hacía recordar a Yves de forma lenta, sin dejar ni un rasgo de él… ni su sonrisa, ni sus ojos… ni sus labios… Todo ello le causaba una sensación extraña, parecida a cuando su padre le entregaba sus regalos en navidad… era una mezcla de curiosidad, nerviosismo… felicidad y… amor…
Amor… si. Era la primera vez que Celeste se había enamorado de un hombre. Quizá por ser el único que la había mirado como mujer hasta entonces. Y es que en palacio, todos la trataban como la hija del rey, y por tanto, para ellos aún no era una dama en la cual fijarse… sino una linda niña con suerte.
Yves la miraba de forma distinta, la trataba de forma adulta… y aduladora. Y eso la había enamorado. Jamás pensó en que un hombre la vería de ese modo, y mucho menos, sentir esa presión en el pecho y ese quemazón en los labios al ver como los ojos del príncipe se posaban de forma descarada sobre ella.
La tarde llegó pese a que las horas pasaron más lentas que ningún día. Anna comenzó a vestir a Celeste, y a acicalarla con las mejores galas para gustarle, si cabía, aún más al príncipe. El vestido que llevaría esa tarde, era de su madre. Según le contó el rey, fue el primer vestido que utilizó ella la primera vez que se vieron juntos, y por tanto… para Celeste, era importante llevarlo puesto hoy.
Ella y su madre eran muy parecidas en cuanto a su físico, así que no había tenido problemas con él. Tan solo, necesitaba atar más fuertes los lazos del corsé, y que su madre era más adulta cuando lo llevó por primera vez, y por tanto, su pecho, era algo mas esbelto que el de ella.
Anna dejó el pelo rizado de Celeste suelto, y únicamente lo recogió con un pequeño gancho para así poder quitarle los mechones de la cara y dejar que su mirada se viera completamente. Le espolvoreo la cara para que así diera la apariencia de suavidad, y con una cereza le pintó los labios de un sonrosado mas intenso.
Por otro lado, Yves había elegido un traje de terciopelo negro con adornos en dorado. Le había gustado el traje desde que abrió el arcón que el rey había puesto a su disposición, y después de que, con ayuda de su sirviente, se probara cada uno de ellos… eligió ese sin saber muy bien por qué.
Después de terminar de arreglarse, bajó directo a su caballo, y tras montar en él marchó directamente al lugar donde le había dicho a la princesa que se verían. Al llegar y no verla allí sonrió y esperó sentado en una de las rocas del puente mientras admiraba el paisaje de los alrededores del palacio.
- Príncipe… - decía Celeste que acababa de llegar desde palacio - ¿vinisteis en caballo? – preguntó ella.
- Si – sonrió el – supuse que os gustaría montar en él – añadió - ¿me equivoco? – preguntó.
- No, no os equivocáis pero… - dijo mirando sus ropas – me será difícil montar en él con este traje, ¿no crees? – preguntó.
- No mientras os ayude – él se acercó a ella y e hizo una reverencia – si me permitís… debo deciros algo – añadió el esperando a que ella dijera que si, cosa que no tardó en ocurrir – os veis preciosa esta tarde princesa – añadió el.
- Tu… - dijo ella sin saber qué contesta – te ves apuesto – sonrió algo avergonzada.
- ¿Montamos bella dama? – dijo el mientras le pedía la mano para acompañarla hacia el caballo.
Celeste tomó su mano y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Yves la ayudó a montar, y a colocar su traje con el fin de que estuviera de lo mas cómoda sobre el corcel, y después montó él, de forma que ella quedó apoyada sobre su pecho.
- ¿Puedo preguntar algo? – dijo Yves al notarla algo tensa.
- Si claro… pregunta lo que desees preguntar – añadió ella sonriendo mientras notaba como el caballo comenzaba a moverse.
- Escuché por mi padre… - hizo una pausa – que el rey Jean-Claude no era el destinado a gobernar el reino… - continuaba diciendo mientras Celeste miraba el paisaje sin a penas inmutarse.
- Si… - dijo ella tranquila - …el destinado era mi tío Jean-Paul… - la princesa hizo una pausa – pero debido a una grabe enfermedad… y a que no tuvo esposa e hijos, murió… - dijo suspirando - y mi padre pasó a tomar el trono… - añadió - ¿Por qué lo preguntas?
- Simplemente… curiosidad – dijo el – me gusta escuchar la opinión de los demás desde varios puntos de vista – dijo Yves.
- ¿Puedo preguntar yo? – dijo ella curiosa.
- Por supuesto alteza, pregunte – dijo el de forma respetuosa.
- ¿Por qué escapaste de palacio? – dijo ella.
- Por culpa de mi padre… - contesto el de forma fría - ¿alguna vez te has sentido encerrada sin poder escapar? – le preguntaba viendo como asentía con la cabeza – pues mi padre tan solo me quería para que fuera como él – suspiraba – él quería casarme con la princesa de otro reino para así unirlos y conseguir mas poder – añadía – y lo ultimo… fue que quería conseguir lo que fuera a través de mi – carraspeó – pero bueno, dejemos de hablar de mi padre… - añadió – ahora hablemos de nosotros…
- ¿Nosotros? – preguntó Celeste.






Se enamoraron a primera vista que lindos, que bueno que se hayan enamorado uno del otro *w*
ResponderEliminarhiii!
ResponderEliminarme encanto como se conocieron los principes y como se an enamorado que lindo el amor ♥
ojala que el padre del principe yves no se entere que esta pretendiendo su hijo a la princesa celeste por que no se lo que puede hacer espero muy pronto la actualizacion me encanto el capitulo....bye :)