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miércoles, 30 de octubre de 2013

I can`t say "I LOVE YOU" - CAPITULO 15



CAPITULO 15
Aeropuerto de París -Le Bourget

Tal y como YooChun había organizado días antes, YunHo y él marcharían a París. Todo había sido planeado a la perfección, tanto por JunSu, como por YooChun, y tan solo quedaba que el plan comenzara a funcionar.

JunSu, después de aquella charla con Jaejoong, salió de la Biblioteca camino hacia el Aeropuerto. YooChun y YunHo llegarían en tan solo una hora, y como tal y como se había organizado, debía ir a recogerlos y hacerse pasar por el joven que les había ayudado a encontrar al amor de YunHo, Jae. Pero lo que éste no sabía, es que ese plan, estaba trazado en mentiras. Mentiras que ayudarían a YooChun y a JunSu, a conseguir todo aquello que quisieran.

Acababa de llegar, y con una especie de cartelito con los nombres de ambos. La gente comenzó a salir por las puertas de desembarque, y a lo lejos, YunHo y YooChun caminaban entre risas. JunSu no estaba al tanto de lo que estaban hablando, pero sí que pudo darse cuenta de la mirada y la sonrisa del mas mayor, cosa que le hizo sonreír y reír, puesto que la felicidad que reflejaba, de vería truncada en tan solo unas horas.

jueves, 29 de agosto de 2013

I can't say "I LOVE YOU" - CAPITULO 14


CAPITULO 14
3 días después – París (Biblioteca Facultad)

Desde aquel día en los que ambos habían tenido aquel enfrentamiento, ChangMin apenas había visto a Jae. Había intentado encontrar la manera de volver a entablar una conversación con él, pero su corazón, su maldito corazón no le dejaba pensar algo que no fuera en que debía hacerle ver a Jae que YunHo nunca volvería, y que de seguro se había encontrado con otra persona en Estados Unidos, que lo mantenía más ocupado.
- ChangMin…! 
En aquel momento hizo caso nulo a las llamadas de uno de sus compañeros de curso. Estaba sumido en los pensamientos mientras miraba a Jae repasar, con sus lentes de pasta negra, dos mesas más allá. Sí, se había enamorado como un imbécil, y pese a que él no era de ese tipo de personas cursis que merodeaban por el mundo, en ese momento, sentía que podía ser capaz de hacer cualquier cosa porque ese chico de labios de fresa, fuera suyo y de nadie más.

martes, 13 de agosto de 2013

I can't say "I LOVE YOU - CAPITULO 13


CAPITULO 13
3 meses y 15 días – Nueva York (EEUU)

Habían pasado 15 días más desde que YunHo se encontrara de aquella forma tan accidentar con YooChun en la oficina, y desde que el joven se convirtiera en su ayudante, todo su trabajo en la empresa había prosperado quizá más de lo que él mismo podía haber imaginado.
- Jefe… recuerda que esta misma tarde tienes una reunión con unos clientes…
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes lo de jefe, Chun-ah? –añadió un YunHo perdido entre firmas y papeles que se amontonaban por todo su escritorio.
- Lo siento hyung… me es imposible –añadió YooChun que estaba justo de pié al lado del escritorio del mayor.
- Bueno dime, ¿Encontraste a Jae? –dijo YunHo levantando su mirada de forma lente.
- Si… 

jueves, 8 de agosto de 2013

La Verdadera Historia de los Principes Azules - CAPITULO 4


CAPITULO 4

YunHo en aquel momento no pudo evitar morderse los labios y clavar su mirada en los ojos del mayor, el cual le miraban con cierto brillo en los ojos que lo volvía loco. Era cierto que aún no eran una pareja oficial, pero prácticamente estarían unidos de por vida… ambos, serian un matrimonio de aquí a unos años y no podía esperar tanto por sentirse en su interior, por tomarlo y por hacerlo suyo.
Sus manos se aferraron fuertes a los muslos de Jae, notando esa suave piel en sus dedos, acariciándolos hasta llevarlas a su trasero el cual completamente desnudo se atrapaba con facilidad en sus manos. Lo atrajo más hacia su cuerpo, pegándolo bien, tan bien que su respiración chocaba contra los labios rosados del mayor.

martes, 6 de agosto de 2013

I Can't Say "I LOVE YOU - CAPITULO 12



CAPITULO 12

3 meses y 15 días – París (Francia)

Habían pasado 15 días desde que ChangMin persiguiera a Jae hasta aquel parque, y desde entonces, ambos habían compartido tardes y tardes de risas, salidas… cenas, postres. Se podría decir que la química entre ambos, se había hecho cada vez más fuerte, tanto, que incluso Jae, había sido capaz de dejar de lado aquella amargura por tener lejos a YunHo. 
Se convirtieron en inseparables, y aunque pareciera mentira, tenían bastantes cosas en común, entre ello, la cocina. Las clases habían acabado, y poco después, y tal como estaban acostumbrados, ambos marchaban a la biblioteca para documentarse sobre los próximos talleres que se llevarían a cabo.
- Oye Jae… que tal si… -decía ChangMin en la biblioteca casi susurrando- …que tal si nos vamos al cine esta noche?
- ¿Al cine? –preguntaba Jae mientras escribía y organizaba unas recetas.
- Si, podríamos ir… hay una película que me interesa ver, pero no me gusta ir solo…
- Está bien…

sábado, 3 de agosto de 2013

La Verdadera Historia de Los Principes Azules - CAPITULO 1



~ Año 2012 ~
Una nueva historia de amor comienza ahora
CAPITULO 1
“Mi nombre es Kim JaeJoong, soy de Corea y tengo 18 años. Seguramente con estos datos a penas sepas quien soy de verdad. Soy una de las pocas personas de la realeza que quedan en mi país… te preguntarás por qué digo esto, ¿verdad?
Bueno, en el año en el que estamos Corea del sur es una republica semipresidencial… ¿esto que es?. Pues bien, según me explicaron en las clases de política de este año, una Republica Semipresidencial significa que hay un presidente de gobierno, que es elegido por votación del pueblo… y también un ministro, que es elegido por el presidente, y ambos, rigen día a día el devenir del país.

jueves, 1 de agosto de 2013

LA VERDADERA HIS, PRIN. AZULES - CAPITULO 3


CAPITULO 3
Después de aquella noche en el tejado de mi casa, apenas había podido volver a verle. Las cosas se habían complicado, ya que sus padres y los míos habían decidido ponernos muchísima más tarea, y muchísimas más actividades… la gracia, es que no las hacíamos juntos, cosa que en parte me molestaba.
Los días habían pasado lentos… y en mi mente, solo había una cosa, él. Cada una de las palabras que él me dijo la otra noche rebotaba y rebotaban en mi mente y no podía sacarlas de ahí. Siempre había estado enamorado de él, pero ahora que sabía que él también lo estaba de mí, mi corazón exigía verle… sentía aún más necesidad de él.

jueves, 25 de julio de 2013

I can't say I Love You - CAPITULO 11




CAPITULO 11

3 MESES DESPUES – Nueva York (EEUU)

Habian pasado tres meses desde que Yunho llegara a Nueva York, y tal como el sabia, su padre había dispuesto para él un trabajo en el que  a penas tenia tiempo de respirar. Estaba en una de las empresas que su padre dirigía desde Seúl como segundo responsable de esta, a la vez que estudiaba en la universidad, cosa que a penas le daba tiempo.

Había intentado buscar la residencia en la que Jae residia, pero cada vez que buscaba por internet, las paginas se le bloqueaban. Estaba controlado al 100% por la gente de aquella empresa, y aquello le agobiaba, y aun más, si pensaba en su hermano… aquel que echaba en falta todas las horas del día.

FIRST LOVE - Capitulo 8 (P.1)



CAPITULO 8

Los eventos próximos proyectan sus sobras frente a ellos
PARTE 1

“Adoré verlo dormir sobre aquella mesa… No pude evitarlo, me quedé embobado en aquel momento… y no pude evitar cotillear que libro leía… pero en el momento en que lo  toqué… el se movió y tuve que salir corriendo de allí. Me quedé admirando su rostro desde detrás de una estantería… Sabía que era como un acosador, pero en verdad… lo que deseaba era saber lo mas minimo de él, realmente amo a hyung… le amo”

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- Soñar sobre mis días en la secundaria es… - dije al despertarme y darme cuenta de que todo había sido un sueño de nuevo – “una pesadilla” – pensé agitado y con cara de pocos amigos.

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sábado, 11 de mayo de 2013

La Verdadera Historia de los Principes azules - CAPITULO 2




CAPITULO 2

Si, tal y como había dicho mi padre, mi próxima tarea seria la de ejercer de guía turístico de uno de los príncipes mas atractivos del mundo entero. En el momento en que los sirvientes anunciaron la simple entrada de los reyes de Japon, aparecieron los nervios en mi, y como pude, me escondi fuera en la terraza y di tres gritos bien fuertes, doy gracias a que los cristales son contra el ruido, y a penas me escucharon. Arregle mi pelo y volvi a entrar.

- ¿Dónde te habias metido? –pregunto curiosa su madre al no verlo a su lado.
- Lo siento… tuve una indisposición mama…
- No estés nervioso… es tu oportunidad de conocer de cerca al chico que te gusta… -sonrió ella.
- ¿Mama?
- ¿Acaso las madres no lo sabemos todo sobre sus hijos? –pregunto ella feliz- Vamos…

En aquel momento, tanto ella como yo, entrabamos a la sala donde estaban los reyes y su hijo, y tal y como mi vergüenza me pidió que hiciera, empecé a mirarlo desde los zapatos… hasta arriba, hasta toparme con sus sonrisa ladita y unos ojos que hicieron que mis mejillas ardieran de forma incontrolable.

- Bien-Bienvenidos… -dijo mi madre haciendo una reverencia- Este es mi hijo… Jaejoong… preséntate hijo.
- Mi nombre es Kim Jaejoong… encantado… 
- Gracias por vuestra bienvenida, por favor… dejar las formalidades… ahora somos familia… -sonrió la reina.
- “¿Familia?” 
- Este es nuestro hijo Yunho… -dijo el rey- Presentate hijo…
- Gracias por acogernos, mi nombre es Yunho… -dijo el haciendo una reverencia.

Yunho levantó su mirada y la calvó de nuevo en mis ojos. De tan solo sentir el calor en mis mejillas estaba seguro de que se había dado cuenta de que me gustaba, y eso no se si era bueno o malo. Por otro lado, el comentario de la reina, me dejó un poco aturdido: “¿Familia?”.

Mi madre, dispuso que Yunho y yo nos sentaramos en el mismo lado de la mesa, cuando era de costumbre que todos mis amigos se sentaran frente a mi. Además de que nuestras habitaciones estaban unidas por una puerta de servicio… y muchas cosas mas que eran extrañas.

- Y dime Jaejoong… -dijo Yunho.
- Llamame Jae por favor… 
- Bien, Jae… ¿por qué elegiste esa carrera? – pregunto Yunho curioso.
- ¿Ciencias políticas? –sorió- Bueno, pues… supongo que me viene de familia… mi padre ama la política, y desde bien pequeño me he visto rodeado de ella… ¿y tú? –preguntó curioso.
- Bueno, yo exactamente por lo mismo… -dijo Yunho con un sonrisa en los labios- Nos parecemos mucho Jae…
- ¿Cómo puedes decir eso si a penas me conoces de una hora?
- Pues porque ambos hemos sido criados igual…

Aquello me dejo un poco bloqueado, ¿Cómo es que Yunho sabia ese tipo de cosas sobre mi?. Me giré a mirar a mi madre y tanto ella como la reina, estaban hablando de una forma tan amena que asustaba, al igual que mi padre y el rey, que hablaban de asuntos políticos que nadie podía entender.

- ¿Ocurre algo Jae?  -pregunto Yunho al verlo tan nervioso.
- E-Esto… Yunho… ¿Qué te han dicho sobre mi? 
- ¿A que viene esa pregunta? –curioseó el príncipe.
- Lo necesito… 
- Bueno, lo primero… ¿sabes la razón real por la que estamos aquí?
- ¿Razón real?
- Tu y yo, uniremos a Japon y Corea del sur…
- ¿Qué?¿C-Como es eso?
- Tus padres y los mios… hicieron un trato hará hace años… en el que se firmo, que los primogénitos de ambos matrimonios… nos casariamos… -dijo Yunho- Así que tu y yo…
- ¡No! 
- Pero hijo… ¿Qué ocurre? –pregunto su padre.
- ¿Cuánto tiempo pensabais ocultarme que me vais a obligar a casarme con alguien a quien no amo?
- Pero Jae… Yunho te gusta… -dijo su madre.
- Que me guste no implica que esté enamorado y mucho menos preparado para hacerlo…
- Jae… -Yunho le cogio de la mano.
- No… déjame… creía que eras distinto a los demás príncipes… pero… -sus ojos se hicieron lagrimas- Lo siento…

Fue algo dramático aquel momento, pero me sentí utilizado, vendido… y avergonzado. Si tan solo hubieran sido sinceros conmigo, quizá me hubiera hecho a la idea de que acabaría siendo el marido de Yunho… pero él siempre había sido el único hombre que me había gustado, y ahora, que vinieran asi de pronto, me hizo entrar en shock.

Dejé la sala donde estábamos cenando para subir a mi habitación lo mas rápido que pude, no sé muy bien por qué lo hice, pero necesitaba aire. Entre en mi habitación y tras entrar por la puerta y cerrar dando un gran golpe, saque la cabeza por la ventana y en aquel momento recordé algo que solía hacer cuando era pequeño y huía de las clases exigentes a las que mi madre me obligaba.

Saqué una de mis piernas, y después la otra, dejando mi cuerpo sobre el trocito de repisa de esta, amarrando mis manos y comenzando a dar pasitos sobre esta, hasta llegar a unas escalerillas que subían al tejado de la casa donde vivíamos.

- No entiendo como han sido capaces de algo así… 
- Quizá lo hicieron por que sabia que te gustaba –dijo Yunho mirándome.
- Pero aun así deberían habérmelo dicho…
En aquel momento, contesté sin mas sin darme cuenta de que era él hasta que giré mi cara hacia donde venía aquella voy y ahí le vi, aún en la escalerilla mirándome con esos ojos que tantas noches me habían dejado embobado.
- Yun…ho… 
- Si molesto me marcho… solo quería saber como estabas… -dijo el bajando unos escalones-
- No! No… quédate…sube…
- Esta bien – la sonrisa que el me demostró aquel momento me hizo sonrojar por completo sin que eso pudiera evitarse.

Yunho subió las escaleras despacio, hasta que llego al mismo lugar en el que estaba, sentándose junto a mi, y sin decir nada. Mi corazón latia tan rápido que creo que se podría escuchar desde bien lejos.

- Dime una cosa Jae… -susurró Yunho mirando al frente y sin apartar la mirada del cielo.
- ¿Qué es?
- …desde hace cuanto que te gusto? –preguntó sin mirarme.
- Pues… -mis mejillas ardían cada vez mas - …desde que supe de ti…
- Entonces… -sonrió mirándome- …desde que nací… 
- No! Tanto no… unos años después…
- Ya veo… -sonrió de nuevo- …entonces, desde aquella vez que nos vimos por primera vez…
- ¿Cuándo?
- ¿No lo recuerdas? –preguntó- Bueno, a penas teníamos 7 años cuando nuestros padres quisieron que nos conociéramos…
- No recuerdo nada…
- Es normal… aquel día cuando caíste a aquella piscina sin darte cuenta, te desmayaste… y gracias a que yo estaba allí, ahora estás aquí… -dijo serio.
- Yun…ho… tú me salvaste?
- Te salvé y te salvaría si algo te ocurriera ahora…

Casi estuvo a punto de caerme la baba en aquel momento. Mi respiración incluso se ajetreo tanto que ni siquiera me di cuenta de lo que hacía hasta que YunHo se acercó tanto a mi, que sus labios se posaron en mis labios, provocando que un escalofrío recorriera mi espalda por completo. Mis ojos se cerraron, y sentí una oleada de fuego recorrerme por dentro. El era el hombre al que había amado desde que tenía uso de razón, y ahora, estaba tan cerca de mi… que notaba su respiración… su aroma… su calor… era increíble.

- Lo siento… -dijo Yunho al notar como mis labios se separaban.
- …haz…hazlo otra vez…

Pude sentir como una sonrisa se iluminaba en la cara de Yunho aun sin abrir mis ojos, y es que necesitaba saber que era verdad lo que acababa de pasar, y que no era un maldito sueño o una imagen falsa que mi mente se había formado porque si. 

- Soy real Jae… -susurró YunHo, y aquello me hizo sonreír.
- …tan solo necesitaba confirmarlo…
- Confírmalo tanto como necesites… -YunHo acarició mi mejilla y no pude evitarlo y me abracé a él sin mas.
- Si…siento haberme comportado así…
- No lo sientas… ellos deberían de haberte dicho porque estaba yo aquí…
- Prefiero que me lo digas tu… 
- Estoy aquí, porque desde el día en que te caíste y tuve que rescatarte de aquella piscina…me enamore de tus labios, de tu sonrisa… y del olor de tu cuerpo… 
- Yun…nie… 
- Suena extraño, porque éramos niños… 
- No suena extraño… porque… no sé cómo… yo siempre estuve enamorado de ti…

En aquel momento, le miré a los ojos y me quedé embelesado en ellos, había una química especial entre nosotros, algo que me atrapaba… y me hacía quedarme atontado con cada cosa que el emitía de sus labios. Pero sabía, que también debíamos ir poco a poco, y poco a poco… se darían lo que mis padres y los suyos, esperaban de nosotros.

martes, 9 de abril de 2013

La Verdadera Historia de los Príncipes Azules - CAPITULO 5



Capitulo 5:


Celeste se mostró extrañada al leer aquella nota, aún no acababa de entender por qué Yves le había dicho de quedar en un sitio, y después en la nota en otro. Supuso que era por despistar a los sirvientes, así que decidió ir al puente del lago.

Daba gracias a que Anna se acostaba temprano, ya que tenía que tomar la capa del arcón. Cosa que hizo de la forma más silenciosa que podía haber. Se la colocó y tras salir al patio trasero, tomo el caballo negro que su padre le había regalado años atrás para llegar al lugar lo mas rápido posible.

Cuando llegó allí, vio el caballo del príncipe atado a un árbol… y sonrió. Estaba nerviosa por saber qué quería mostrarle, y por besarlo como habían hecho horas a tras. Comenzó a llamarlo en voz alta, pero éste no contestaba… 

Se adentro en el espesor de la noche, pero aun así no le encontró. El terror por los ruidos y el frio de aquel lugar la hizo dudar de nuevo, dándose la vuelta y volviendo a donde había dejado al caballo… pero cuando llegó, ambos habían desaparecido. 

Pensó que era un sueño, que no podían haber desaparecido… así que continuó buscando a Yves por el camino, pero no lo encontraba. Se enfadó con el por haberle gastado aquella broma de tan mal gusto, y cuando volvía camino a palacio, alguien la amarro del cuello con fuerza, atrayéndola a él…

- Reza lo que puedas princesa… - añadió aquella voz masculina distinta completamente a la de Yves.
- ¿Quién eres, dime? – preguntaba ella asustada – Por favor, no me haga nada… - dijo intentando escapar – mi padre enfurecerá si me hace algo… lo entiende – añadía – lo colgará por tocarme tan solo un poco – dijo ella intentándolo asustarlo.
- ¿Por qué debería soltarla? – añadió el hombre – aun debo hacer una cosa antes de soltarla princesa – añadió aquel hombre – tengo que matarla o no me darán mi recompensa – decía él.
- No por favor… no lo haga – decía ella llorando – no lo haga… - dijo y en aquel momento le taparon la boca con un pañuelo y se desmayo.

Ese hombre era uno de los sirvientes del padre de Yves. Su deber era meter a la princesa en un arcón y lanzarla al lago. Sí, la princesa sería asesinada de la peor forma que podía hacerlo, ahogada en el lago que había contemplado la tarde de amor junto a Yves. 
El sirviente la llevó en su caballo hasta la otra parte del lago, donde tenía preparado el arcón. Introdujo a la princesa en su interior, la tumbó boca arriba y la rodeo de rosas rojas. El rey le había dicho al sirviente que debía dormirla bien antes, para evitar que Celeste agonizara, y muriera mientras dormía. Y así lo hizo, la adormiló tanto, que sería imposible que esta despertara.

Cerró el arcón y con mucho cuidado lo metió en el lago, empujándolo él mismo hasta lo mas fondo, y esperando a ver como se sumergía a la vez que rezaba lo que sabía con el fin de que el alma de la princesa descansara en paz. El hombre había sido elegido por ser uno de los asesinos más fríos del reino lombardo… y así se denotó cuando fue capaz de hacer que la princesa se ahogara en el fondo del lago.

Castillo Chambord – Salas superiores

- ¿Dónde se habrá metido? – preguntaba Yves esperando a Celeste en los pasillos.
Preocupado por ella, bajo a la sala donde habían cenado, pero todo estaba en su sitio, y recogido. Se acercó a la cocina, y ninguno de ellos sabía donde se encontraba la princesa. Yves comenzó a preocuparse y subió de forma rápida a la alcoba de ella. Pero cuando llegó y se tomó la libertad de entrar, tampoco la encontró.
- Llama al rey… la princesa a desaparecido – dijo Yves al sirviente del rey y marcho en busca de su caballo a buscarla.

Corrió lo que mas pudo hacia el patio trasero, y cuando llegó allí, noto como su caballo y el de Celeste habían desaparecido. Aquello era realmente extraño y aterrador. Se subió en otro de los caballos y salió corriendo  en busca de Celeste.

Estaba asustado, preocupado y aterrado. Sabía que Celeste no sería capaz de salir de palacio tan tarde. Ella le había comentado esa misma noche que le aterraba la oscuridad y el frio.  

- Maldita sea Celeste… - decía Yves mentalmente - ¿Dónde te has metido? – salió corriendo hacia el puente del lago donde habían estado esa misma tarde los dos. 
Rebuscó por la zona y tan solo encontró las marcas de los pasos de los caballos por la zona, pero estos eran recientes, y eso comenzó a asustarlo. Bajo del suyo y tras atarlo a un árbol, empezó a buscar. Se adentro entre los arboles y encontró una nota arrugada en el suelo
- ¿Qué será esto…? – se preguntó mientras la abría y comenzaba a leer: 


“Amada mía, deseo estar con vos, 
nos hemos visto hace segundos… 
y ya la hecho de menos. 
Veámonos en el puente del lago,
 quiero mostrarte algo.
Yves… tu príncipe”

- ¿Qué significa esto? – se preguntó y en aquel momento, mientras leía una y otra vez le nota, se percató de algo - …es la letra de mi padre… pero… ¿por qué? – se paró a pensar y en aquel momento se quedó blanco.
- ¡¡¿Celeste?!! – dijo gritando una y otra vez – ¡¡¿Dónde estás maldita sea?!! – añadía desesperado.
Sabía de sobra que su padre sería capaz de todo por hacerlo volver arrastrándose a sus pies, se recorrió todo el lago en busca de ella, y cuando se acercó a uno de los bordes… pudo ver marcas de pasos adentrándose en el lago, y eso lo aterro.
- No puede ser… - dijo el lanzándose al lago sin mas – dime que no es cierto princesa – dijo él mientras nadaba hacia la zona mas onda y comenzaba a hundir su cuerpo hasta toparse con algo de madera sumergido bajo el agua.
Comenzó a intentar moverlo, pero no era lo suficientemente fuerte como para hacerlo. Así que salió de nuevo en busca de ayuda. Le dio las órdenes al caballo y no paró de hacerlo hasta que llegó de nuevo a palacio.
- Venid conmigo… necesito ayuda – decía una y otra vez a los guardias que salieron en caballo tras él hasta el lago.

Llegaron todos junto al príncipe y todos se lanzaron con el a ayudarlo. En la noche apenas era visible y por culpa del fango del fondo del lago, era imposible moverse y asentar bien los pies para empujar el arca que había en el fondo. Así que decidieron usar las cuerdas y los caballos para empujarlo.

Tras demasiados esfuerzos por parte de los animales, el arca comenzaba a salir del fondo del lago. El príncipe tomó una de las espadas de los soldados y comenzó a soltar los tablones del arca… y ahí acabo todo.

Celeste se encontraba en su interior. Pálida y a la vez como dormida. Con su cabello rizado revoloteado alrededor de su cuerpo, y repleta de rosas adornando su cuerpo muerto e inerte en el interior de aquel arca. 

Yves comenzó a gritar como un loco. Necesitaba librar todo el terror y el odio que ahora mismo sentía por su padre. Había matado a la mujer que amaba su hijo y lo odiaría de por vida.

En aquel momento se le paso por la mente cada una de las sonrisas que Celeste le había brindado durante toda la mañana. Aquellos labios que había besado y que lo habían enamorado. Se había enamorado de ella como si de un embrujo fuera, y ahora ella estaba muerta, el destino los había unido y su padre los había separado, así que tomo una decisión.

Subió a su caballo y se fue lo más lejos posible del Castillo Chambord. Cuando supo que había llegado tan lejos como quería. Se armó de tanto valor como podía, ya que lo que iba a hacer necesitaba mucho de ello. Paró su caballo, lo ató a un árbol y tras apartarse cerca de las rocas… cogió su espada y se rebanó en la pierna.

La sangre comenzó a escaparse entre sus ropas. El dolor por el corte lo hacía sufrir, pero no tanto como sufría su corazón al saber que Celeste había muerto. Quería pasar la vida junto a ella, ya fuera vivo o muerto. 

Se tumbó en el suelo de aquel lugar, y cerró los ojos… relajándose, relajando su respiración. Sabía que moriría desangrado, así que tan solo tenía que esperar a que su cuerpo comenzara a notar la falta de sangre y con ello… la de oxígeno, haciendo que muriera de forma lenta.

Castillo de Cheverny

- Señor, todo está hecho… - añadía el sirviente que había asesinado a la princesa nada mas llegar a la sala de reuniones del castillo.
- Bien… - sonrió el rey – ahora solo tenemos que esperar a que vuelva Yves a palacio y todo estará en su sitio – añadía este.

El rey y el consejero comenzaron a reír y brindar. Su plan había salido perfecto, pero lo que no sabían es que Yves en esos momentos, acababa de morir desangrado. Su padre había perdido a su único heredero, y con él la posibilidad de que el reino continuara en alza tras la muerte de rey.

Yves lo había sopesado todo, y fue la mejor decisión que podría haber tomado con el fin de escarmentar a su padre por sus actos tan graves. Había muerto por ello. Al fin de al cabo, ese era su destino.

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“Una historia de amor extraña, ¿verdad?. El rey lombardo descubrió que su hijo había muerto días después. Encontraron el cuerpo de Yves enmarcado en un gran charco de sangre, repleto de picotazos de los cuervos y aves del lugar.

Se supo que el rey enloqueció de furia, y pocos meses después declaró la guerra al reino franco, siendo este último el ganador de la gran batalla. 

Al fin de al cabo, ambos reinos acabaron unidos… tal y como hubiera pasado si ambos príncipes hubieran hecho realidad sus sueños… pero el destino quiso que no fuera el momento para ello. No estaban destinados a vivir juntos en esta época, o al menos, eso pensamos todos los que contamos esta historia día tras día.

Seguramente el alma de Celeste e Yves, se encuentren vagando por el mundo en busca de dos personas que merezcan estar juntas para toda la vida… y cumplir así el sueño que ellos no pudieron cumplir.

Quizá te toque a ti ser una princesa o un príncipe quien sabe. Tan solo sé que tarde o temprano, renacerán y vivirán felices como ambos deseaban.

Espero que os haya agradado mi historia, aunque sé que el final era inesperado… pero no siempre son finales felices los que los trovadores contamos, ya que la realidad es así… 
No siempre uno está destinado a cumplir sus sueños cuando mas se desean… lo que si es seguro, es que tarde o temprano, los sueños se cumplen, ya sean en esta vida o en otras futuras”

I can't say "I LOVE YOU" - CAPITULO 10




3 MESES DESPUES – París (Francia)

- Jae! –dijo Marie su compañera de habitación cuando entraba con una caja llena de dulces- Te traje los que me pediste –sonrió ella- …para que quieres una docena? Acabarás perdiendo tu figura… -dijo de nuevo.
- Marie… necesito degustar el postre mas famoso de la ciudad si quiero saber que lleva con los ojos cerrados-dijo Jae- sabes que quiero ser un buen pastelero… y con ello, también está el poder saber de forma clara cada uno de los ingredientes del producto…
- Woa… eres increíble Jae! –dijo ella emocionada.

Jae y Marie habían coincidido hacia 3 meses en la cola del hall de la residencia en la que pasaría sus horas muertas durante los próximos 5 años que duraría su carrera universitaria. Gracias a ello, y a que la chica no había dejado de hablar con él desde el momento en que supo que era coreano, habían congeniado de forma fácil, y cuando llegaron a la zona de recepción y Jae tuvo que elegir un compañero al azar sin apenas conocerlo, decidió que lo mejor sería tomar por compañera a su charlatana y ahora amiga.

- Dime Marie… que haras hoy? –pregunto un curioso Jae que tenia los labios llenos de azúcar glas.
- Pues… -dijo ella mirándolo- Creo que saldremos esta noche con unos amigos nuevos de la facultad de restauración… ¿Por qué lo preguntas?
- Bueno… estaba pensando en que ya era hora de salir…
- ¿Qué?¿Tu? –dijo ella sorprendida.
- Tampoco es tan extraño que quiera salir…
- No es eso… -dijo ella sin poder remediar sonreir- Pero… has estado mucho tiempo encerrado aquí por que no podías salir sin recordarle… y… 
- Lo se… -sonrio de forma leve- Pero necesito confiar en lo que me dijo aquel día…
- ¿Aún no tienes noticias de Yunho?
- No… aun no… -dijo Jae poniéndose el lápiz en su oreja- supongo que le habrá sido difícil estar allí… al igual que a mi…
- Si… supongo que si… -sonrio- dime… ¿te vendrás entonces? Dime que si…
- Si, lo haré… -sonrio de forma dulce.

Tres meses habían pasado para que Jae se diera cuenta de que debía mirar al frente, y encerrar su malestar en su interior, sin hacer que ello afectara a su nueva vida… a su sueño por ser un buen chef en pastelería, y por tanto, conociendo gente nueva y siendo “feliz”, o al menos intentarlo… aunque su amor, Yunho, estuviera lejos de su lado.

- Entonces, tienes que estar preparado a las 19! –dijo ella feliz- Le diré a nuestros amigos que se apunta alguien nuevo –sonrió ella feliz mandando un mensaje por el LINE.
- Está bien… 

Jae continuó comiendo aquellos dulces que le estaban envolviendo la cara de azúcar, mientras en su mente, tan solo estaba la imagen de su Yunho… de su amado hermano, del hombre que le habia robado el sueño durante meses... y así pasaron las horas sin que a penas se diera cuenta de que Marie habia salido, y eran las 18:30 en el reloj.

- Jae! Aun estas sin arreglar!!? –dijo Marie al entrar y dándole un susto que hizo que se cayera de la silla.
- Marie por Dios! Casi me matas del susto! –dijo Jae desde el suelo.
- Levantate y arréglate, en media hora estarán todos aquí… te esperaremos bajo –sonrió ella- Si?
- Esta bien!

Jae abrió su armario, tomando una camisa negra con motivos en blanco, unos pantalones negros, junto con unos zapatos y una chaqueta gris. Se roció de desodorante y colonia, y tras arreglarse un poco el pelo y tomar sus cosas en los bolsillos, salió corriendo de la habitación, bajando las escaleras de la residencia lo mas rápido que pudo.

- Lo siento! –dijo retomando la respiración agachando su cabeza.
- No pasa nada… -dijo Marie- ChangMin… el es Jaejoong.. –dijo ella.
- Encantado… -dijo Jae levantando sus ojos, y topándose con un alto, moreno y atractivo muchacho que le miraba con una sonrisa dulce.
- Lo mismo digo Jae… -dijo el alzando su mano rozando su mejilla- Comiste dulces con azúcar? –preguntó curioso al limpiarlo.
- ¿Eh? Oh Dios… -dijo un sonrojado Jae que limpiaba de forma rápida su cara – Lo siento, me quedé en el limbo y no me di cuenta…
- Es lindo… -susurro ChangMin mirando a Marie. ChangMin no pudo evitar fijarse en aquellas sonrosadas mejillas que había causado en aquel chico nuevo, que apenas conocía, pero que le habia gustado – Ya te dije que era muy lindo…

Todos se reunieron a la hora establecida, y cuando comenzaron a andar por las calles, Jae se colocó al lado derecho de Marie, y ChangMin a su izquierda sin perder siquiera un ápice de cada expresión de Jae. Le había llamado la atención completamente. Sobre todo su mirada triste, pese a esa sonrisa fuerte que mostraban sus labios.

- Y dime Jae… -carraspeo ChangMin- Como es que teniendo escuela de pastelería en Corea, has decidido venirte a Francia?
- Eh? Pues… -Jae no sabía como contestar aquella pregunta y en aquel momento se sonrojo por los nervios, mordiendo su labio y asustado empezó a respirar fuerte.
- ¿Te ocurre algo? ¿Hice mal en preguntar? –pregunto ChangMin poco despues de cogerle la mano a Jae al sentir que estaba mal, y sentir como este se soltaba.
- No…no… es que… lo siento Marie… no puedo ir con vosotros… -dijo Jae agobiado- Lo siento ChangMin… nos vemos pronto si?

Jae salio de allí lo mas rápido que pudo. No sabía por que se marchaba, pero el simple hecho de no querer decir que estaba ahí por que su padre habia querido partir su historia de amor con su hermano, le agobiaba… y le hacia temblar. A penas se dio cuenta de que ChangMin le seguía pasos mas a tras, mirando y observando cada uno de los sentimientos de Jae, reflejados en su mirada.

ChangMin creía que este marcharia corriendo a su habitación, pero en un momento, Jae cambio de idea y se encaminó a un parque a las afueras de la ciudad. ChangMin no tenia idea de por que Jae se encaminaba hacia un lugar tan apartado, hasta que le vio mirar al cielo y ponerse a llorar.

- Yunho!!! –gritó alto Jae- Yunho estoy aquí!!! –dijo de nuevo a gritos de dolor- Me lo prometiste!!! Prometiste que sabría de ti todos los meses!!! – añadia con lagrimas cayendo al suelo – Me lo prometiste maldita sea… -agacho la cabeza llorando.
- Jae… -susurro ChangMin apretando sus puños al ver que el otro lo estaba pasando tan mal, y no pudo evitar acercarse y abrazarlo por la espalda – Se que no soy el… pero no llores, no lo hagas por favor… -susurro apoyando su cabeza en el hombro de este.
- ChangMin… -susurro Jae secando sus lagrimas- Tu…
- Lo siento… no pude evitar seguirte… -continuó abrazado a el- Ahora se el por que tu mirada triste… 
- ChangMin… yo… lo siento…
- ¿Por qué te disculpas? –pregunto curioso.
- No quería que nadie me viera así… -susurro bajando su cabeza- Al final todo me supero…
- ¿Puedo preguntarte quien es él?
- Es mi hermano… -susurro Jae- …mi padre nos separo por que nos enamoramos…
- ¿Qué?
- Lo siento… es raro… muy raro… 
- ¿Por qué iba a ser raro? –sonrió ChangMin- Cada uno es libre de enamorarse de quien sea…
- ¿Qué has dicho? – dijo Jae sin creerse lo que acababa de escuchar.
- Eso… que tu eres libre de enamorarte de tu hermano o de quien sea… -sonrió- …mientras seas feliz todo está bien…
- Gra-Gracias ChangMin…

Jae continuó ahí de pie sin decir una sola palabra mas, rodeado de los brazos de ChangMin, abrazo que le recordaba tanto a Yunho, que le dolía, pero por otro lado, le reconfortaba. 

sábado, 9 de marzo de 2013

I can't say "I LOVE YOU" - Capitulo 9



CAPITULO 9
YunHo se despertó y no pudo evitar tener el deseo de que Jae estuviera junto al él nada más abrir los ojos, pero no fue así. Se incorporó un poco mas y miró a su alrededor, esperando a que Jae le hubiera dejado alguna nota, pero ni rastro. Sonrió y cuando se levantó fue en su busca. Abrió la puerta de la habitación, y enseguida sabia donde le encontraría… la biblioteca, pero cuando llegó tampoco estaba.
Aquello le hizo dudar… por que era algo extraño, así que bajó a la cocina… esperando encontrarlo ahí, haciendo una de sus maravillas culinarias, y ahí estaba. Tenia colocado un pañuelo que recogia su pelo negro, y un mandil color rojo. La estampa era perfecta. Jamas hubiera creido que se fuera a enamorar y aun menos de su hermano. Sonrió sin poder evitarlo y se acercó a él.
- ¿Qué haces levantado hyung?
- Vine en tu busca… -sonrió él - …siento lo de la pelea… - suspiro YunHo intentando sentarse en una de las banquetas de la cocina.
- No, no pasa nada… -sonrió Jae mientras partia unas cosas – tan solo… no lo vuelvas a hacer si? – dijo él de forma dulce.
- Está bien, te lo prometo…
En aquel momento, Jae dejo lo que estaba haciendo y se acerco hasta donde YunHo, paso una de sus piernas entre las de el y quedándose aun de pié, beso a su hermano como si estuviera desesperado. Hubiera sido un momento mágico, pero cuando Jae abrió los ojos… su padre, y el de YunHo estaba en aquella cocina, con cara de estupefacción y repulsión.
Sin decir nada, agarro fuerte a Jae del brazo y lo llevo hasta su habitación donde se podían escuchar algún que otro bofetón y gritos de suplica por parte de Jae, mientras que YunHo aporreaba una y otra vez la puerta. Dios mio su padre le estaba dando una paliza al amor de su vida, a su propio hermano y aquello le estaba doliendo aun el doble de lo que podría dolerle.
- Papa no le pegues! Yo tengo la culpa! – gritaba YunHo una y otra vez.
Su padre abrió la puerta y lo agarro de la camisa estampandolo contra la pared. Con cara de odio y repulsión, se lo llevo arrastras hasta su despacho. Jae mientras tanto estaba en el suelo de la habitación con una mano en la mejilla a causa del dolor por culpa de un bofetón.
Jamas hubiera pensado que su padre podría ponerle la mano encima, pero lo había hecho. Le dolían las mejillas de aquellos golpes, las sentía arder y las lágrimas continuaban saliendo sin poder pararlas.  YunHo no hacía otra cosa que recibir los gritos de su padre en el despacho, de rodillas en el suelo enmoquetado.
- Eres la vergüenza de tu familia – le dijo su padre - ¿Acostándote con tu hermano? ¿Qué bazofia es esa Jung YunHo? – le pregunto.
- Padre… yo le amo….
- ¿Qué tu qué? ¡Maldita sea YunHo! – le tiró una zapatilla a la cabeza - ¡No ves que eso esta prohibido! – le añadió - ¡Lo vuestro es un asco frente a todos! – le grito.
- Padre… no…
- Dentro de dos días te marcharás de aquí… - añadió – Ya has acabado los exámenes, así que es hora de que emprendas tu viaje al extranjero y comiences a ocupar tu cabeza con cosas que de verdad valen la pena – continuo – y no quiero ni una sola queja.
- ¿Qué pasará con Jae?
- El irá a Francia… ¿no quería estudiar restauración? – suspiro – Allí le enseñaran bien y estaréis lejos el uno del otro…
- Pero padre! No puede hacer eso…! – grito YunHo.
- Ya esta decidido… en dos días os marcháis a cumplir con el futuro que habéis elegido…
Aquella noche no pudieron ni verse para cenar, su padre había dispuesto que les llevaran la comida a sus habitaciones, y también que estuvieran encerrados en su habitación. Todo era tan cruel… Jae a penas sabia nada de lo que había planeado su padre, y es que YunHo tampoco podía decírselo por que les habían quitado los móviles, y estaba seguro que jamás podría contactar con Jae.
- Joder…! – le dio una patada a la cama y se hizo aun menos daño del que sentía en su corazón.
Jae estaba con la cara pegada a la pared de la habitación intentando escuchar a YunHo a través de ella pero apenas podía sentir nada en sus oídos. Estaba cabreado, triste y realmente asustado. No sabía qué le había pasado a YunHo en el despacho de su padre y aquello lo ponía realmente nervioso.
Dos días despues
- Padre por favor… deja que me despida de él… te lo suplico… - dijo YunHo en el hall de la casa apunto de marcharse – te lo suplico…
- 10 minutos… - dijo el – si no bajas… te bajare yo arrastras – añadió a gritos para que YunHo le escuchara ya que había salido corriendo hacia la habitación de Jae.
- Jae abre la puerta! – decía YunHo aporreándola.
- ¿YunHo?
- Si abre por favor! – dijo YunHo intranquilo.
- YunHo… - Jae se abrazó a él.
- Escúchame por favor… - suspiro mirándolo – papa me manda al extranjero… -suspiro de nuevo- ¿recuerdas el nombre de la empresa?
- Retoflafs – dijo el de forma directa.
- Cuando estés en Paris… recuerda enviarme el correo allí si? Recuerda poner tu dirección… - suspiro dándole un beso apasionado – Nunca te dejaré solo… lo prometo…
- YunHo… - dijo amarrando su camisa.
- Lo siendo Jae… debo irme… - añadió dando pasos hacia atrás.
Tal y como había dispuesto su padre, YunHo se marchaba al extranjero bajo la mirada atenta de Jae que observaba desde la ventana del pasillo. Las lágrimas corrían por su cara, por que sabía que pasarían años hasta que se volvieran a encontrar… y que seguramente, cuando volvieran a hacerlo… esto que sentían, se podría haber apagado.
- YunHo te amo! – dijo casi susurrandolo para sí mismo mientras notaba como un nudo se apretaba fuerte en su garganta. 
Le dolia tanto la idea de no volverle a ver. Cerro los ojos intentando así que el despejar su mente… pero no pudo mantenerse así ya que segundos despues, notaba abrirse la puerta de su habitación.
- ¿Qué quieres?
- Jaejoong… tu coche vendrá en unas horas… ¿lo preparaste todo?
- ¿Ahora te preocupas por mi? … -suspiro- Es mejor que te vayas padre…
- Jaejoong lo tuyo con Yunho no era bueno…
- ¿Y eso quien lo determina? ¿Tu? – dijo sonando lo mas cabreado que pudo.
- Dios… Jaejoong… Dios…
- Si ese Dios del que hablas lo prohibiera… no habría dejado siquiera que yo me enamorara de el, el mismo dia que nos conocimos padre…
En aquel momento Jae dio a conocer que se habia enamorado, y que todo lo que en verdad habían compartido el y Yunho desde aquel día… había provocado que su amor creciera, y creciera hasta ahora, el momento de separarse.
- Marchate… no quiero verte… me has arrancado la parte mas importante de mi vida… y no quiero volver a verte…
Su padre cerro la puerta de un portazo, cabreado, ofuscado y decepcionado. Sus hijos se habían convertido en amantes, y para él, un hombre perfecto… respetado por todos, y prácticamente a la vista de todos, eso no podía existir. Habia decidido que sus hijos pasarían el calvario de estar estar separados cada uno a la otra punta del mundo… y eso haría.
Jae se marchaba en unas horas a Paris, la ciudad donde estudiaría su carrera… una ciudad en la que muchas cosas le depararían, al igual que a Yunho… cosas que provocarán mil y un acontecimientos nuevos. 

La Verdadera Historia de los Principes Azules - CAPITULO 4




Capitulo 4:

Yves se dio cuenta del tono sonrosado en las mejillas de Celeste, y eso hizo que se pusiera nervioso.  No se había dado cuenta de cuanto abarcaba la palabra “nosotros” en aquel instante, y sin saber como responder a aquella pregunta, simplemente paró el caballo.
- Será mejor que no nos alejemos mucho de palacio – dijo él esquivando así la pregunta.
Bajo del caballo y tomó a Celeste de la cintura para que esta bajara sin problemas… y en aquel momento ocurrió algo que ninguno esperaba en aquel momento. Ambos quedaron tan cerca físicamente, que incluso la princesa podía notar el calor de la respiración de Yves en su piel. Algo inevitable estaba a punto de ocurrir… Celeste cerró sus ojos de forma totalmente natural, y sin mediar ni una sola palabra Yves tomó sus labios de forma desesperada, para pasar mas tarde una de sus manos por la cintura y acercarla mas a él.
Celeste tembló al notar los labios de Yves, pero su cuerpo lo deseaba y en aquel momento notó como su corazón se aceleraba que no pudo evitar dar rienda suelta a lo que sentía. Sabía que una dama no debía estar tan dispuesta a un hombre a no ser que él no fuera su marido pero Yves… él se había convertido en el dueño de sus pensamientos, y aún más, de su corazón.
Yves separó sus labios de ella… y la vio sonrojada, y algo asustada. Pese a que no se dijeron ni una sola palabra, el príncipe la abrazó contra su pecho y no se separó de ella hasta que se encontró mas relajado y tranquilo para poder hablar.
- Lo siento – añadió él.
- Yo no lo hago – contesto ella aún abrazada a él – no siento que me hayas besado… mas bien, lo agradezco – añadió.
- ¿De verdad? – dijo él separándola para mirarla a los ojos.
- Eres el primer hombre que se atrevió a mirarme como una mujer – sonrió avergonzada – y  el primero que ha conseguido que… - hizo una pausa respirando – el único que a conseguido enamorarme además de mi padre… - sonrió risueña – pero estoy asustada…
- ¿Asustada por qué amada mía? – contesto el.
- Asustada por que tan solo te conozco de horas, y no puedo evitar desear tenerte cerca – suspiró - ¿Cómo puedo evitar esto que hace que no me pueda separar de ti?
- No lo evites… simplemente… permanece a mi lado – contestó él haciéndola sonreír – permaneces conmigo siempre Celeste – suspiro.
- No voy a separarme de ti por mas vidas que pasen – añadió ella.
- Mi princesa… - dijo él.
- Mi príncipe… - añadió ella – azul… - casi susurró.
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Condado de Mirlestone 
60 kilometros de la frontera franca
- ¿Dónde dijiste que estaba? – preguntó el rey enfurecido.
- En el castillo Chambord señor – dijo el sirviente asustado.
- Como se atreve este mal nacido a pisar tierras francas, y aun peor… - hizo una pausa tomando un trago de vino – hospedarse en el palacio de este bastardo de Jean-Claude – añadió – tengo que hacer algo…
- Señor, pero… - le interrumpió su sirviente – no todo queda ahí, mi señor… - suspiró – los sirvientes de palacio le dijeron a nuestros hombre que el príncipe, y la princesa Celeste… - añadió el hombre con temor a acabar.
- ¡Acaba de una vez! – dijo el rey asustándolo.
- Dicen que se están viendo en este momento – dijo el hombre
- ¿Qué se están viendo? – dijo el rey enfurecido - ¿a qué se refieren con ello? – suspiró resignado - ¡Desde luego crie a un hijo lerdo! – añadió el hombre.
- Mi señor, dicen que se conocieron hoy y no tardaron en ser cercanos – suspiró el sirviente.
- ¡Deja de darme detalles! – dijo el rey lanzándole la copa al sirviente - ¡Fuera! – añadió pagando la furia con este - ¡Ivan! – dijo el rey llamando a su consejero personal.
- Si mi señor – añadió este - ¿Qué desea? – preguntó.
- ¿Lo escuchaste? – añadió – el bastardo de mi hijo está intentando dejar el reino en ridículo – añadió - ¿Acaso se volvió lerdo? – pregunto - ¿Cómo osa acercarse a la hija de uno de mis más fervientes enemigos? – dijo ofuscado.
- Mi señor… - añadía el consejero – el príncipe apenas tiene idea de su relación con el rey Jean-Claude señor – contestaba.
- Tenemos que hacer algo… - suspiró el rey - ¿y si se ha enamorado de ella? – preguntó.
- Si se enamora de ella usted estará en un grabe aprieto milord – continuó – No solo por usted, sino por nuestro reino… ya que el reino franco es mucho mas fuerte que el nuestro, además de que posee muchas mas tierras que nosotros – añadió – si su hijo y la princesa se unieran, el reino franco tomaría nuestras tierras – continuó – y sería una masacre para nuestra cultura que eso ocurriera.
- ¿Qué podemos hacer entonces? – preguntó asustado y sin saber que dirección tomar.
- Tan solo se me ocurre una cosa majestad… - dijo el consejero con una sonrisa de medio lado – la princesa…
- ¿Qué pasa con ella? – preguntó.
- La única forma de evitar que los dos reinos se unan… - añadió – es hacer desaparecer a la princesa… - dijo éste.
- Hacerla desaparecer… - dijo repitiendo las palabras del consejero – si hacemos eso, debemos hacerlo de forma discreta, sin involucrar a nadie y evitando que se sepa que fuimos nosotros… - dijo el rey.
- Si milord… - añadió.
- Entonces, comienza con los preparativos – sonrió el rey – mi hijo se enterará de lo que es ponerle trabas a los asuntos que le corresponden como príncipe de este reino – añadió para después marcharse a sus aposentos.
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Tanto Celeste como Yves se encontraban en los jardines, sentados sobre la hierba. Yves no podía apartar la mirada y observar a Celeste en cada movimiento o gesto. Si, había encontrado lo que había anhelado durante todos estos años… una persona que lo amara. A penas conocía a la princesa, pero esta le había robado el corazón en tan solo unas horas y por ello, se merecía su respeto y adoración.
Celeste no podía evitar sonreír. Su príncipe azul había aparecido, y tal y como todas las novelas y poesías románticas explicaban, era amable…gentil…dulce y atractivo. Todo ello le causaba la sensación de estar volando un cuando estaba sentada en el suelo, como ahora. Aún podía sentir los labios de Yves rozando los suyos y eso le provocaba escalofríos.
- ¿En qué piensas princesa? – preguntó Yves al verla sumida en sus pensamientos.
- Tan solo en vos, príncipe – contesto ella con una sonrisa tímida.
- ¿Y qué pensáis de mí? – preguntó curioso.
- En que sois un príncipe de novela y poesía encarnado – contesto ella.
- ¿De veras? – dijo él carraspeando – Vaya, no sabía que pudieran haber tantos príncipes como yo – dijo sonriendo.
- Cada príncipe es distinto a vos – contestó – tan solo que yo me tope con usted y me enamoró – dijo ella.
La sonrisa que Yves vio reflejada en su dulce rostro lo cautivó. Celeste era dulce, gentil, amable y preciosa. Jamás había visto una dama así en la corte, y eso le maravillaba de ella, y aún mas, le hacía sentir como si hubiera encontrado una piedra maravillosa en el camino, de esas a las que no puedes darle un precio fijo.
Celeste se había fijado en que no paraba de mirarla y eso la puso nerviosa. Se giró completamente dándole la espalda y continuó recogiendo las flores de su alrededor, armando un pequeño ramo de flores. 
- ¿Por qué te escondes de mí? – decía él intentado mirarla a los ojos.
- Príncipe, me ponéis nerviosa… ¿no es algo normal? – decía ella suspirando.
- Si… perdón por no dejar de mirarte – dijo Yves sonriendo.
- ¿Le gusta lo que ven sus ojos? – preguntó ella aún si darse la vuelta.
- Adoro lo que ahora mismo tengo frente a mis ojos – decía el de forma picara, obligándola así a que se diera la vuelta - ¿qué ocurre? – dijo el al ver que lo miraba.
- Que a mi también me gusta lo que tengo a mis espaldas – añadió riéndose.
La tarde comenzaba a caer, y ambos se habían dado cuenta de que empezaba a refrescar. Por esta zona, las mañanas eran cálidas, y las tardes refrescaban, hasta llegar a la noche… donde era imposible salir fuera de palacio sin una capa que protegiera del frio.
Subieron de nuevo al caballo, y llegaron a palacio entre risas, miradas y sonrisas. Anna que la había visto volver, bajo y esperó a la princesa en el patio trasero, pero cuando llegó allí sus ojos vieron como ambos se besaban de forma dulce en la despedida, y eso la hizo esconderse para que no vieran que estaba allí.
- ¿Nos veremos durante la cena? – añadió él.
- Si, aunque mi padre no cenara con nosotros – dijo ella – suele cenar a estas horas, así que cenaremos juntos – sonrió – yo misma encargué que hicieran una rica cena para ambos – continuo - ¿vendrás a cenar conmigo?
- Como faltaría a una cita así – contesto el dándole un beso en la frente – nos vemos en unas horas amada mía… - dijo él sonriente mientras se marchaba con el caballo bajo la mirada de Celeste.
Anna que había visto que el príncipe se marchaba, salió de su escondite y esperó a la princesa en el interior del recinto de la entrada. Como si nada hubiera visto, apenas dejó que su sonrisa saliera de su semblante tranquilo.
- Mi señora… - añadió al ver a la princesa entrar - ¿Cómo pasó la tarde? – preguntó
- Ha sido maravillosa… - añadió Celeste – el paseo maravilloso, el paisaje precioso e Yves… - suspiró casi derritiéndose al recordar sus besos – es… mi príncipe… - añadió ella con tono enamorado.
- ¿Qué ocurrió? ¿Se besaron? – dijo ella con tono maternal.
- Si… - dijo la princesa mordiéndose los labios – besa de maravilla Anna – continuo – lo pienso y mi piel se eriza – añadía haciendo reír a Anna.
Ambas continuaron andando hasta llegar a la alcoba de Celeste, donde Anna comenzó a desvestirla y preparar un baño caliente para la princesa. Cuando estuvo preparado la princesa se metió dentro y se relajo. Estaba deseando que llegara la hora de la cena para volver a ver a su amado, y su cuerpo se ponía nervioso con el paso de los minutos. 
Anna termino de bañarla y le coloco una bata para que saliera. Después, la vistió con un vestido mas sencillo y la peino con una larga trenza adornada con una diadema de perlas blancas. Celeste estaba preciosa con cualquier cosa que se pusiera, su inocente imagen le daba ese punto de niña que tanto le gustaba a Anna y ahora a Yves, por supuesto.

Sala de la chimenea
Tal y como la princesa había ordenado horas antes. La cena sería organizada en esta sala. A Celeste le encantaba cenar a la luz del fuego, y aquella sala era perfecta para una cena de enamorados. Habían dispuesto una mesa redonda, decorada con un mantel de terciopelo rojo… y flores en el centro.
La cena estaba compuesta de cordero asado, con una salsa de frutas y verduras asadas…acompañadas con un buen vino. Todo ello revisado por la princesa en el último momento. Ella quería que todo estuviera perfecto, así que revisó toda la comida de primera mano justo después de cambiarse.
- La princesa está en la cocina… date prisa o nos pillarán – añadía un sirviente que miraba por la puerta a que no viniera nadie y le decía a otro - ¡vamos, ponle la nota bajo su seca manos! – añadía.
- No me des prisa – decía el que tenía que colocarla – el rey lombardo nos dará una buena suma de dinero por esto – añadía riéndose.
- Si… venga, vámonos ya hicimos nuestro trabajo – continuó diciendo mientras salían de la sala.
El rey lombardo había decidido su plan para eliminar a la princesa, y todo comenzaba aquí. En una nota. Yves a penas se había dado cuenta de que dos de los sirvientes del palacio de su padre, se habían adentrado en este, y mucho menos, que habían sido mandados por su padre. 
El príncipe se había centrado por completo en Celeste, y sus ojos solo la miraban a ella. Y lo malo de todo ello, es que su padre se había dado cuenta de ello, y lo odiaba aún más. Su padre odiaba la idea de que el reino franco y el lombardo se unieran, pero ninguno de los dos príncipes sabía lo que el destino les tenía preparado…
Yves y la princesa aparecieron en la sala,  y tras compartir miradas furtivas, ambos comenzaron su cena. Las sonrisas, y los gestos complacientes de Yves hacia ella, eran cada vez mas notorios, y aún mas después de haberse besado y entregado en aquellos besos. Se amaban, y sí, tan solo habían compartido un día juntos… pero así era el amor, ocasional e inesperado… esperanzador… te hacía soñar, y ambos soñaban con pasar cada día y momento juntos.
Celeste sabía que su padre no se opondría, pero Yves… él no lo estaba, y aun así, sabía que lucharía por estar al lado de ella, aunque por ello tuviera que luchar toda una eternidad. La amaba, y no pensaba dejar escapar lo que sentía por ella, dijera su padre lo que fuera. Sin embargo, el destino… ese que cambia con el devenir de los días, había cambiado de forma radical para ambos.
El padre de Yves había comenzado a mover sus cartas, y pronto se vería si su plan daría sus frutos. Ni los mismos sirvientes que habían ayudado a llevarlo a cabo, sabían lo que habían hecho. El rey les había dicho que era una nota que quería hacerle llegar a la princesa sobre su hijo, y que por ello les daría dinero, pero lo que llevaba la nota, y el porqué, solo lo sabía el rey y su consejero.
Ambos esperaban en el palacio, esperando las buenas nuevas sobre el reino franco. El plan había comenzado a la perfección, y pese a que ellos estaban en el palacio, sabían que saldría a la perfección, todos habían salido siempre bien… y este debería salir perfecto.
De mientras el príncipe y la princesa compartían mesa y risas. Ambos eran jóvenes, con toda una vida por delante, y estaban dispuestos a derrumbar el país para conseguir vivirla juntos. 
- Amada mía… -  susurró Yves.
- No me llames así en palacio – contestó ella mirando a los sirvientes – las paredes tienen oídos – reía.
- Amada mía… - contesto él haciéndola sonreír – me marcho primero… pero… - dijo el casi susurrando – te espero en el ventanal cercano a tu alcoba… no tardes… - dijo él levantándose y marchando hacia allí.
- Si… - dijo ella.
La princesa tomó su seca manos en la mano y se dio cuenta de la nota. Sonrió al verla y supuso que era de Yves, así que tras asearse las manos, abrió el sobre y comenzó a leer:
“Amada mía, deseo estar con vos, 
nos hemos visto hace segundos… 
y ya la hecho de menos. 
Veámonos en el puente del lago,
 quiero mostrarte algo.
Yves… tu príncipe”