domingo, 25 de noviembre de 2012

ADICCION - CAPITULO 14

CAPITULO 14


Me habían pillado. YooChun estaba delante de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho. Con su envergadura imponía tanto como los robles del bosque. Se me cayó el alma a los pies. 
- Pu…puedo explicártelo.
- No hace falta. —YooChun se fijó en el broche negro de pie¬dra tallada que aún llevaba prendido en el jersey. Estaba seguro de que había deducido que me lo había regalado YunHo. Yo no me lo había quitado en todo el curso pasado—. ¿Habéis estado juntos todo este tiempo?
- ¡No es asunto tuyo! —Respirando hondo, intenté mantener la calma—. Te prometo que no le he contado nada de nosotros que él no supiera. Ya no está haciendo de espía para la Cruz Negra.
- ¿Cómo hizo el curso pasado? - Por desgracia, tenía razón.
- Tú no lo entiendes. YunHo no quería mentirme. Lo enviaron aquí en una misión...
- Una misión que él llevó a cabo, y no le importó tener que utilizarte para conseguirlo. —YooChun exhaló bruscamente, como si tuviera algún dolor físico—. No estoy enfadado contigo, JaeJoong. Tú... tú estás enamorado por primera vez en tu vida y no ves con claridad.


- YooChun, por favor, escúchame. 
- Yo me ocuparé de esto. Todos nos ocuparemos. - Él se irguió con la mirada abstraída y resoluta. Se me heló la sangre. 
- ¿A quién te refieres con «todos»? 
- A las personas que te queremos de verdad. - Fue a darse la vuelta, pero yo lo agarré por el brazo para impe¬dírselo.
- No se lo puedes decir a mis padres. No se lo puedes decir a nadie.- YooChun me puso las manos en los hombros como si estuviera consolándome en lugar de destruyéndome.
- Algún día comprenderás que lo hice por tu bien.
¡Por mi bien! Cada vez que alguien me había dicho aquello no tenía ni idea de cuál era realmente «mi bien». Lo empujé con tan¬ta fuerza que él retrocedió un par de pasos.
- Estás celoso, por eso lo haces. - Incluso antes de terminar, supe que era mentira. La única res¬puesta de YooChun fue echar a andar hacia Medianoche.
Corrí a su lado respirando entrecortadamente. Las ramas se partieron a nuestro paso. Por encima de mí, oí pájaros alzando el vuelo alarmados, batiendo pesadamente las alas.
- No es lo que crees. YunHo me quiere. Quiere estar conmigo y nos da igual ser... distintos. Eso no tiene que ser importante, no si nos queremos lo suficiente.
- Es la primera estupidez que te oigo decir desde que te co¬nozco, y espero que sea la última. —YooChun apartó una rama baja de pino para que yo pudiera pasar, aunque se negó a mirarme directamente a los ojos—. Si él fuera cualquier otro humano, algún alumno de Medianoche, ¿crees que me importaría?
- Sí. —YooChun podía no estar haciendo aquello por celos, pero eso no significaba que no los tuviera. Se detuvo. La niebla perfiló su silueta.
- Está bien. Me importaría fuera quien fuera. Pero no me en¬trometería, ni tampoco lo haría nadie más. YunHo no es un chico cualquiera. Es un miembro de la Cruz Negra, lo cual significa que está loco por destruirnos. No se puede confiar en él.
- ¡Tú no lo conoces! —grité. Ya no me importaba que me oye¬ran; no, estando YooChun a punto de contarlo todo. Quise darle un puñetazo en la cara. Quise llorar hasta que él me consolara. De¬seé estar en clase de esgrima para tener una espada a mano. Todo estaba a punto de estropearse para siempre, y me sentía tan enfa¬dado y asustado que no podía pensar con claridad—. ¡No sabes lo que hizo anoche! - YooChun me miró de arriba abajo, y yo fui tremendamente cons¬ciente de que mi ropa estaba arrugada y mi pelo, aún despeinado después de haber estado besuqueándome con YunHo.
- Me lo imagino.
- ¡Me ayudó a salvar a un vampiro! Salvarlo, YooChun. Los otros le habrían hecho daño, pero YunHo no se lo hizo. Me escuchó. Era el vampiro más joven que he visto en mi vida, casi un niño, pá¬lido y andrajoso, era imposible que no te diera lástima, y a YunHo le dio lástima, ¡sé que se la dio! - YooChun se paró en seco. Se volvió lentamente hacia mí y la expresión de su cara estaba tan cambiada que al principio apenas lo reconocí.
- ¿El más joven que has visto en tu vida?
- «¿Por qué ha sido eso lo que le ha sorprendido de todo lo que he dicho?» -pensé para mi mismo - Sí.
- ¿Qué aspecto tenía?
- Hum, pelo moreno, algo rizado, pero lo importante es que YunHo le ayudó a huir de la Cruz Negra. Ahora lo comprende, ¿en¬tiendes?
- Dime exactamente qué aspecto tenía el vampiro. 
- ¡Acabo de hacerlo!
- JaeJoong —dijo con la voz rota—. Por favor.
No pude obviar su desesperación. Despacio, cerré los ojos e in¬tenté recordar el momento en que el vampiro y yo cruzamos la pla¬za cogidos del brazo. Describí su joven rostro acorazonado, sus ojos castaños, y el color trigueño de sus cabellos. YooChun no cambió de cara hasta que mencioné la mancha de nacimiento  que tenía el vampiro. En ese momento abrió li¬geramente la boca y susurró:
- Ha vuelto.
- Un momento... ¿Le conoces? - Él asintió y entonces ya no pudo seguir mirándome a los ojos. Parecía tan aturdido y triste que el enfado se me pasó de inme¬diato.- YooChun, ¿quién es? 
- Yowan.
El nombre me evocó instantáneamente un recuerdo: la Navi¬dad pasada, YooChun y yo caminando por la nieve entre los acebos mientras él me hablaba de la vida que había perdido hacía ya tan¬to tiempo. Me había mencionado a la persona que más añoraba.
- Charity. ¿Te refieres a tu hermana? —Pensaba que en aquel paseo por la nieve me había contado sus secretos más hondos, pero no me lo había dicho todo. No había dado a entender que su que¬rida hermana había sido transformada en vampira junto con él—. ¿Era ella? - YooChun no me respondió. Pensé que a lo mejor no podía. 
- No se lo digas a nadie.
- Vale. Te lo prometo. —Con retraso, recordé que también yo tenía un secreto—. Tú tampoco lo contarás, ¿no?
Él no dijo ni que sí ni que no, pero supe que no contaría a na¬die lo que ambos habíamos descubierto esa noche. Me quedé vién¬dolo alejarse durante mucho rato, demasiado aturdido por la sor¬presa y el alivio para hacer nada más. Luego respiré hondo y corrí hacia el internado, sin dejar de pensar en cómo describiría a Ra¬quel una lluvia de meteoritos que en realidad no había visto.
Raquel se tragó mi historia de cabo a rabo. Ni siquiera me hizo muchas preguntas, lo cual fue un alivio, pero, extrañamente, un poco decepcionante. De hecho, estaba bastante seguro de no haber dejado ningún cabo suelto hasta la cena del domingo por la noche con mis padres, cuando mi madre me preguntó distraídamente dónde me había metido el sábado por la tarde. Yo les di la primera excusa que se me ocurrió, que es¬taba remotamente relacionada con la verdad.
Resultó ser la peor excusa que se me podría haber ocurrido, porque a mis padres les encantó.
- Paseando por el bosque con YooChun, ¿eh? —Mi padre po¬nía especial énfasis en todas sus preguntas, lo cual hacía reír a mi madre. Les ponía un poco de su acento inglés ya casi desapareci¬do, al estilo de Sherlock Holmes, para lograr un efecto cómico—. Y dime, ¿qué hace un jovencito hablando con YooChun hasta las tantas?
- No estuvimos hasta las tantas. —Unté mi panecillo con man¬tequilla, sirviéndome ávidamente los alimentos que mis padres ha¬bían cocinado para mí. La sangre me sentó incluso mejor que la co¬mida. Había tenido que pasarme medio fin de semana sin ella, por lo que me bebí un vaso detrás de otro—. Es personal, ¿vale? Por fa¬vor, no le preguntéis por eso ni por nada.
- Está bien —dijo mi madre en tono tranquilizador—. Nos alegramos de volver a tenerte en casa.
Cuando alcé la cabeza del plato para mirar a mis padres, los dos me estaban sonriendo con tanto cariño, tanto agradecimiento, que apenas fui capaz de contenerme para no abrazarlos y discul¬parme por haberles mentido. Pero me quedé donde estaba. El re¬cuerdo de YunHo bastó para convencerme de que había secretos que valía la pena guardar.

0 comentarios:

Publicar un comentario