domingo, 28 de octubre de 2012

Holding Back The Tears - CAPITULO 1 (Parte 1)


CAPITULO 1
PARTE 1
Los momentos inesperados, son los que más nos mortifican

Me había levantado como de costumbre por culpa del asistente que mi padre había llamado a trabajar para mi. La verdad, es que era un coñazo no poder ir al ritmo que deseara, pero en fin… era lo que tocaba, al menos, si quería continuar con el puesto y lugar en el que me encontraba.

Cerré los ojos antes de escuchar como ese maldito hombre volvía a llamarme una y otra vez, hasta incluso intenté apaciguar su maldita voz con la almohada, pero en ver de eso, conseguía hacerla mas grave y intensa.

Me incorporé y pude ver como apenas había amanecido. Estaba demasiado cansado por la fiesta nocturna de la noche anterior y en aquel momento, todo me vino a la cabeza. Había llegado con otra mujer a casa… pero… ¿Dónde se había metido?. Odiaba que tan solo me buscaran por el sexo... y aquello me cabreó haciéndome levantar de golpe.

No había conocido aún a mi asistente, tan solo había hablado con él un par de veces para señalarle donde se encontraba mi apartamento y el lugar de trabajo que desempeñaría, así que me levanté y abrí la puerta de mi habitación.

- Buenos días… - susurré al tiempo en que él se dio la vuelta y me encontré con su mirada de susto - …encantado de conocerte – dije de forma amigable. Ahora mismo no era cuestión de asustarlo el primer día, ya se daría cuenta de como era en realidad mas adelante.
- Es-Esto… - dijo el aún con los ojos como platos – Jefe usted… - añadió señalando mi cuerpo.
- ¿Qué ocurre? – dije sorprendido y en aquel momento me di cuenta.

No me había puesto nada de ropa antes de salir de mi habitación, y ahora, un completo desconocido me había visto desnudo. En aquel momento no sabía donde meterme, así que alcancé a coger una chaqueta que se encontraba en el respaldo del sofá y me tapé.




- Es-Esto jefe…
- ¿Qué quieres?
- Esa chaqueta es mia…
- ¿Y? – suspiré – con el dinero que te pago, serás capaz de comprarte mas… y esta vez, de las que no pique… - carraspee mi garganta - …al menos tendrías que tener un poco mas de gusto – bufé resignado.
- Si jefe… - añadió él y se marchó.

La verdad, es que si, mis gustos eran demasiado exquisitos. No aguantaba nada que no fuera de marca. El simple echo de pensar en un mercado, con gente tocando toda la ropa con esas manos sucias, me hacía entrar en escalofríos.

Después de que mi asistente me encontrara en pelotas. Decidí que era hora de vestirse… Me fui hacia mi ropero que medía casi la mitad de mi habitación y comencé a buscar todo lo necesario. Camisa, traje, zapatos, cinturón, corbata y los gemelos, además del reloj y los pendientes a juego. No podía evitar sentirme varonil, y exquisitamente perfecto… e incluso atractivo. Si fuera gay, sería y me encontrara por la calle, hubiera sido capaz de follarme a mi mismo, pero no… a mi me encantaban las mujeres, y jamás en mi vida, me enamoraría de una persona de mi mismo sexo.

- Bueno cielo… - me dije a mi mismo - …es hora de que vuelvas a lucir palmito… - dije dando una palmada, cogiendo mi maletín y saliendo al encuentro de mi asistente.

Éste trajo pronto el coche a la puerta de mi chalet adosado, y una hora después, llegaba al concesionario de coches, donde los demás empleados esperaban en la puerta para darme los buenos días. 

Todos ellos enriquecía mi ego cada día mas, y es que, desde que era mas joven, mi padre decidió que ya era hora de que me trataran de usted, y así ha continuado siendo desde hace 10 años hasta ahora, así que, el día que alguno no lo hace… tiembla el mundo, e incluso entro en cólera hasta estallar, y mandarlos a la mierda.

- Señor, esta es la lista de nuestros compradores del mes pasado… - añadió mi secretaria – y aquí, los posibles compradores de las ultimas semanas – concluyo.
- Gracias Marta… - añadí algo serio mientras veía como se retiraba – Ah! Por cierto, la próxima vez que te marches de mi apartamento… deja aunque sea una nota… - suspiré – o no seré el único que acabe sin necesitar tus servicios…
- ¿Mis servicios? – dijo ella sorprendida.
- Si, yo no tomé a una puta para que pasara la noche conmigo… - añadí serio mientras miraba los papeles - …pero te comportaste como tal… 

Después de aquello, me di cuenta de que ella me hubiera abofeteado y arrancado los ojos sino supiera que estaba en juego su puesto de trabajo, y con ello el dinero con el que paga el hospital de su madre… así que sabía que tan solo saldría de allí sin mas que decir al respecto.

- Señor, Jaejoong por la línea 2 – dijo mi asistente.
- Gracias – dije yo y tomé el teléfono.
- Eh! Capullo! ¿Dónde te metes? – añadí nada mas descolgar.
- Estoy en Italia… ¿Cómo te va? – suspiró después de aquella pregunta.
- Bueno, no me puedo quejar… tengo todo lo que deseo en un pestañear de ojos, así que… supongo que estoy bien – añadí - ¿Qué coño haces en Italia?
- Ya sabes, me encapriché de alguien…
- Tu y tus putos caprichos… - suspiré – Dime, ¿Cómo es?
- Tiene dos puertas, descapotable… tracción a las cuatro ruedas, 6 velocidades… y de color naranja chillon… - añadió – Por fin conseguí mi Lamborghini Gallardo…
- Hijo de…! – exclamé – Dios, estoy deseando verlo!
- No creo que tarde mucho en volver… así que ves preparando tu mejor coche y así nos damos una linda carrera… ¿Qué te parece?
- ¿Una carrera? – en aquel momento recordé que de más joven solia competir en las mafias nocturnas y aquello me emocionó – Oye, y … ¿Por qué no nos apuntamos a una de las nocturnas? – añadí.
- ¿Tu estás loco? – suspiró Jae – Hace tiempo que dejaste aquello, así que no seas imbécil anda…

Por aquel entonces, me envolvía de olor a gasolina, drogas, alcohol y adrenalina… Supongo que tenía falta de cariño, y la única forma de llamar la atención era poniendo en riesgo mi propia vida, pero después de varios años… era algo que echaba demasiado de menos. Echar unas carreras con Jae no tenía nada de divertido. Él parecía una abuelita conduciendo su carro de la compra,  y yo quería velocidad… pasión y desenfreno. Además, con él no ganaba dinero… que era lo que mas me jodía. Con las carreras había llegado a perder demasiado, pero siempre había conseguido ganar el doble cuando me arriesgaba.

- ¡Maldita sea! – dije dando un golpe en el escritorio.
- ¿Señor que le ocurre?
- ¡Nada, lárgate de aquí! – le dije sonando lo mas frío que pude.

En aquel momento me sentí frustrado. Después de que mi padre me enclaustrara bajo el mando de esta empresa, mis días de juerga, sexo… y drogas se acabaron… y aquello me jodía como lo que mas por dentro. Cerré los ojos olvidando aquella rabia y después, decidí hacer lo que en verdad tendría que haber hecho hace demasiado. Vivir a mi ritmo, y como a mi me diera la gana.

Cogí mi agenda de contactos que había escondido bajo la solapa del cajón del escritorio, y comencé a leer los nombres de los antiguos amigos que estaban metidos en el mundo del motor. Tomé nota de todos los teléfonos, y después, comencé a marcar sus teléfonos. En cuestión de minutos, tenía una carrera organizada, y todo un plantel de chicas a las cuales, les encantaban las buenas carrocerías, así que me venía perfecto para liberar tensiones. 


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Pasadas las 12 de la madrugada
A las afueras de Seúl

- Vaya! Mirar a quien tenemos aquí… - decía Baek uno de los corredores mas mafiosos de la ciudad. Las habladurías decían que era uno de los que mas dinero movían en este mundillo… y la verdad, es que tan solo hacía falta ver su ropa y sus coches.
- Tu… - la verdad es que no sabía qué decirle. Él y yo teníamos una carrera pendiente, ya que la ultima vez me dejó sin el dinero de mi cuenta y mis coches.
- Si… nos volvemos a ver – sonrío - …miradle todos! – añadió pidiendo atención – Esta noche volveré a llevármelo todo… - añadió con malicia - ¿Qué tienes para apostar?
- ¿Yo? – reí sarcásticamente – Ya me quitaste demasiado la ultima vez… - suspiré – No pienso apostar nada contigo… - añadí cerrando uno de mis puños por la rabia.
- ¿ Sabéis? – sonrió con malicia – Creo que se convirtió en gallina… - rió a carcajadas – pero, ¿sabes una cosa? – añadió – Hoy me siento demasiado generoso… - continuó – Te propongo una cosa…
- …que quieres? – le pregunté.
- Si eres capaz de ganar esta carrera… - sonrió – podrás recuperar todo aquello que te robé… - añadió – pero si no lo consigues… - hizo un pausa - …todo lo que tienes, será mio… incluso tu vida…
- - en aquel momento no sabía qué contestar. La verdad es que me sentía algo asustado, pero la oportunidad de tener todo lo que me habían robado, me dio ánimos y fuerzas. Quería luchar y sabía que estaba preparado para luchar por ello así que… - Lo haré! – añadí sin mas.

Después de aquello todos los que estaban alrededor, comenzaron a aplaudir y vitorear, mientras YooChun no hacía mas que maldecirse a sí mismo por lo que acababa de hacer. Aunque él también tenía un plan, en el caso de que quisieran tomar su vida, estaba claro que nadie le encontraría. Sería capaz de moverse por el mundo entero para que no le encontraran. Sí, ese plan sería perfecto.

Todos montaron en sus coches, y las chicas que daban la señal de la salida comenzaron a moverse y a tambalear su cuerpo de forma sensual, hasta que el pañuelo bajo al suelo, y todos los coches comenzaron a correr.

YooChun además de un niño rico, y asquerosamente atractivo, tenía el don de tener buenos reflejos, ya que uno de los coches que marchaba a toda leche detrás del suyo, se pego un trastazo contra otro y casi se lo lleva por delante. Faltó muy poco, e incluso YooChun suspiró del mismo susto. Pero él continuó avanzando puestos, y situarse justo tras de Baek, el cual era malditamente bueno conduciendo. Hasta que ambos coches se pusieron a la par, y comenzaron a darse golpes el uno al otro.

Baek podía ver reflejado en el cristal de la ventanilla de al lado, la imagen de YooChun completamente concentrado. Se quedó fascinado por ello, pero él no era persona a la que le gustara perder, así que accionó uno de los mecanismos que había escondido en las llantas de su nuevo y flamante coche. Este se trataba de varias cuchillas giratorias, las cuales al acercarse al acelerado coche de YooChun, provocó que las ruedas de la zona del piloto, estallaran, mandando el coche de YooChun volando, hasta estrellarse con una de las paredes del puente que atravesaban en aquel momento.

YooChun tan solo vio el muro ante sus ojos, y pensó que todo se acababa. Cerró los ojos y lo único que recordó en aquellos instantes durante el coche fue a su padre.

1 comentarios:

  1. hayyyyy poe dios chun un creido de lo peor enserio

    aaunque devo decir que el mas desgraciado aqui es Baek ese hijo de la mala vida por dios que es un desgraciado

    porfa conti que quiero saver si mi chun se me muere

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