CAPITULO 1:
“Bienvenidos a esta historia, no muy distinta a las demás, pero si peculiar. Ya que no todos pueden decir, que esto haya ocurrido de verdad. Tan solo afirmar, que parte de esta historia es real, y que tanto el lugar como el ingenio de este noble charlatán que no hace más que pregonar de pueblo en pueblo, las hazañas y amores de los hombres mas respetados del reino…al igual que el destino de nuestros dos protagonistas, pueden ser tan reales como el mismo viento que cabalga entre los árboles.
Esta historia que vengo a comentar se remonta a los comienzos de lo que todos vienen a llamar “Edad Media”…mas concretamente a mediados del siglo VIII, donde los soldados, los vasallos, el pueblo y los reyes conviven mano a mano por el bien de un reino, donde todo, se hace por el y donde todos quedan dirigidos por unas leyes que deben cumplir.
Se dice que hay muchos reinos que gobiernan en el mundo, al menos eso he podido escuchar de otros compañeros de hazañas, los cuales crecen y avanzan continuamente… tomando castillos, arrasando tierras y destruyendo todo lo que creen ser suyo… Reinos que chocan, que pelean… que descubren y hacen suyas tierras gobernadas por otros, a los que temen o simplemente envidian por tener lo que tienen.
Así es como se rige todo en estos momentos. Yo te envidio y por eso puedo tomarme el derecho de arrasar con todo mi ejercito tu reino, tu pueblo, tu gente… tu vida y tu alma. Sí, suena cruel… pero así esa es la pura verdad, o no… quien sabe.
Ahora mismo no sé donde me he parado a escribir. Un pueblo arrasado se ve en el horizonte, y el aire azota todo a mi paso… sé que no queda mucho tiempo para que todo lo que en mi mente está desaparezca, así que me veo obligado a contaros algo que creo que debéis saber.
Dicen que la esperanza aparece cuando dos almas que creen en lo mismo, chocan y expanden su fe. Ahora mismo, la esperanza de que todo acabe está en mano de dos reinos… el reino Franco y el Lombardo.
Según mis datos y las habladurías de los mercaderes del pueblo de donde venía, dicen que los Francos arrasaron con todos a su paso. Que son fuertes como la roca. Aun así, nuestro rey no se ha movido de aquí… simplemente espera el ataque, protegiendo a su familia, o lo que queda de ella… ya que su reina murió hace ya bastantes años, dándole una hija… la dama mas hermosa del mundo. Recuerdo el momento en el que tropecé con ella… y aún recuerdo su cara inocente. Su padre la había mantenido alejada de cualquier hombre que la pudiera corromper a la espera de un pretendiente perfecto para ella, así que la pobre vivía en un palacio construido de forma exclusiva cerca de un lago maravillosamente hermoso.
Ella y yo nos tropezamos en el mercado del reino. Aún no sé muy bien qué hacía tal bella dama entre los campesinos y la suciedad de las calles, pero su afán por escuchar las historias que emanaban de mi, fue lo que me hizo indagar y conocer mas de ella. No es que me acercara, ni mucho menos. Para un pregonero como yo, no esta permitido mirar ni tomar a una dama como ella… pero gracias a la gente que trabajaba en el palacio, todo me era mas fácil, y con ello digo encontrar información de primera. Por cierto, mi nombre es Marcus, encantado… y en esta historia, seré vuestro narrador.
¿Por donde iba?... Ah!Si… Celeste. Conseguí que una de sus damas de compañía me contara sobre la joven dama, y gracias a ella, os traigo esta historia… repleta de amor… de dolor, de pasión… de un destino inquebrantable y de algo que va mas allá de todo lo que yo conozco”.
Castillo Chambord
La mañana acababa de despuntar en el lago que rodeaba a palacio y como de costumbre él rey Jean-Claude, y su bella hija Celeste, comenzaban un día mas en su ajetreada agenda.
Habitación del Rey
- Mi señor – decía uno de los sirvientes del rey – es hora de levantarse… - suspiró mientras corría las cortinas azules de la recámara de Jean-Claude y abría las ventanas para que dejara pasar el aire fresco del verano francés – hoy hace un maravilloso día… - añadió este.
- Me será de ayuda hoy – añadió el rey que acababa de levantarse de la cama y esperaba su bata rojo burdeos como de costumbre - …hoy tengo que atender unos asuntos con mi primo en su castillo, así que el paseo será más agradable – añadió el hombre – dime… ¿la princesa ya se despertó? – añadió este.
- Si señor – añadió el sirviente - ¿desea que le haga saber algo? – dijo amablemente este.
- Tan solo quiero saber si tiene algún qué hacer importante hoy – añadió el rey.
- Espere señor… - dijo el sirviente mirando un libro donde hacia anotaciones - …la princesa Celeste hoy tiene una sesión de costura y poco mas señor – añadió.
- Bien – añadió el rey – hazme el favor y manda arreglar mis caballos – dijo – hoy quiero ir a la ciudad y comprar uno de los mejores trajes para ella – dijo feliz el hombre.
- Si, señor – dijo el sirviente haciendo una reverencia mientras lo veía salir de su recámara camino a desayunar.
Habitación de la Princesa
- Mi niña…despierta – añadía la dama de compañía de la princesa – ya es de día y su padre la está esperando para desayunar – decía abriendo las ventanas y cogiendo la bata de la princesa.
- Dime…Anna… ¿hace mucho que espera? – dijo ella sonriente mientras se ponía la bata y se arreglaba su largo cabello moreno.
- No querida, acaba de salir de su habitación – añadió ella feliz - ¿por qué lo pregunta?
- Hoy se marcha a ver a su primo Robert, ¿no es así? – preguntó la princesa.
- Si – dijo Anna mientras le ataba los botones de la bata y limpiaba la cara de la princesa con una toalla húmeda – tan solo me preguntaba si podríamos ir hoy a dar un paseo – dijo ella curiosa – cuando padre está en palacio, me es imposible salir… - sonrió – quiero aprovechar.
- Mi niña… - dijo Anna – tiene que saber que es peligroso salir de palacio – suspiró – y si descubren que es la princesa, todos querrán atraparla para conseguir algo a cambio – dijo ella mirándola.
- Vamos Anna – puso ojos brillantes – me pondré tus ropas y nadie lo descubrirá – susurró – por favor… - añadió.
- Siempre consigue lo que desea princesa – añadió Anna con una sonrisa – está bien – suspiró – pero después de sus clases de costura, ¿de acuerdo? – añadió Anna.
La princesa acepto con una gran sonrisa y marchó camino al comedor donde esperaba su padre a su llegada. La idea de salir de palacio de nuevo la hacía feliz, así que una gran sonrisa iluminaba sus grandes ojos verdes.
Llego al comedor y en la gran mesa de madera del centro estaba servido el desayuno de todos los días. Fruta, zumo, algo de pavo asado, pan recién echo, además de queso y demás manjares. Mientras su padre la esperaba en la mesa pequeña cercana al ventanal.
Desde la muerte de Catherine, la reina, el rey había decidido acortar la distancia con su hija e intentaba hacer que la relación entre ambos fuera lo mas cercana que podía ser entre un padre e hija.
- Mi pequeña… - dijo el rey levantándose y dándole una cálida sonrisa a su hija - ¿descansaste bien?
- Si padre… - añadió ella - ¿y usted? – sonrió feliz la princesa
- De maravilla – le guiño el ojo – dime… ¿hoy que piensa hacer mi hija? – le pregunto.
- Pues… - suspiró ella algo nerviosa – tan solo tengo mis clases de costura – añadió – y Anna me prometió ir a dar un paseo por los jardines… - dijo ella feliz.
- Eso está muy bien – dijo el rey – comamos… - dijo él mientras hacía venir a los sirvientes para que les sirvieran el desayuno.
El desayuno terminó media hora después entre risas. Entre el rey y su hija, la relación era maravillosa, ya que la muerte de la reina, les había unido tanto que eso la había afianzado. La princesa adoraba a su padre, lo adoraba y lo quería, y además lo respetaba… pero su edad, 18 años, la hacía querer ver el mundo que rodeaba a palacio.
Ella era una niña curiosa, además de intelectual y preciosa. Le encantaba pasar los días leyendo, y descubriendo como era el mundo a través de ellos. La música le encantaba, al igual que bailar con sus damas de compañía y disfrutar del aire libre.
Su padre la había criado gracias a una nodriza debido a que su esposa, murió poco después de que Celeste cumpliera 5 años, y desde entonces, intentó que no le faltara de nada, aunque era consciente de que a la niña le hubiera venido bien la experiencia y sabiduría de su madre para hacer que la pequeña conociera “todo” del mundo, y cuando digo todo… es sobre los hombres, el amor… y todo lo que ello conlleva ya que un padre no era quién para explicarle ese tipo de cosas.
Celeste se marchó a su habitación, al igual que lo hizo el rey.
Habitacion de la princesa
- Princesa… ¿os preparo el baño? – preguntó Anna que esperaba a la princesa en su habitación.
- Si por favor – añadió ella – y por favor… - sonrió – por azahar en el agua, las rosas son muy llamativas… - suspiró – y no quiero que me descubran – añadió sonriente.
- Como guste princesa… - dijo ella y se marcho a la antesala a preparar el baño de la princesa.
Por aquel entonces, no existían las bañeras y tanto los reyes como reinas y princesas, tomaban sus baños en grandes barricas de madera. Cuando Anna tuvo preparado el baño, la princesa acudió a la antesala y con ayuda de su dama de compañía, comenzó a desnudarse.
- Anna… -añadió Celeste - ¿tu me ves bella? – pregunto.
- ¿Por qué pregunta eso princesa? – contestó ella mientras desabotonaba el camisón de la princesa.
- Anoche no pude evitar acostarme tarde leyendo – dijo ella mientras se sujetaba de una mano y entraba en la “bañera” – y leí, que las princesas no siempre son bellas…
- En eso tiene razón el libro – dijo ella sonriente - ¿no recuerda a su prima? – añadió sin pelos en la lengua.
- Anna! No digas eso de Viena – dijo ella sonriente – la pobre no tiene culpa de parecerse a su padre… - añadió riéndose.
- Usted es preciosa… - dijo Anna mientras echaba agua por su cabeza – así que no debe preocuparse por ello – sonrió mientras lavaba el cabello de la princesa – cualquier príncipe querrá casarse con usted… - añadió sonriente.
- ¿Príncipe? – dijo ella mirándola - ¿esos que vienen en caballo y cortejan a las damas? – sonrió – no creo que sea capaz de aceptar que alguien me corteje y me trate como una tonta… - suspiró ella.
- Mi señora, no todos los príncipes son como usted dice – añadió Anna - …algún día llegara su príncipe azul, y será tan especial que no podrá evitar enamorarse – suspiro Anna mientras enjuagaba y comenzaba a cepillar el oscuro pelo de la princesa.
- ¿Príncipe azul? – preguntó - ¿y como sabré que es el? – añadió.
- El brillará tanto que la dejará ciega de amor – dijo la doncella trenzando el pelo de la princesa.
- Vaya… - dijo la princesa sorprendida – entonces tendré que estar pendiente… - sonrió mientras se levantaba y Anna la cubría con una bata de seda. Ambas caminaron hacia la habitación. La princesa se quedó mirando por la ventana mientras Anna preparaba uno de sus trajes.
- Princesa…¿Cuál le saco hoy? – preguntó Anna a la vez que abría el baúl.
- El blanco estará bien… - sonreía ella mientras miraba los jardines desde su alcoba.
Minutos después, Anna la ayudaba con el traje y ambas bajaban a la sala de estudio de la princesa, donde la esperaba su maestra en costura. Hoy comenzaba con los bordados en oro sobre terciopelo.
A la princesa, además de la costura, le encantaba la música…rasgo que había heredado de su madre. A ambas les apasionaba el violín, además de los grandes jardines de palacio y pasear en caballo. Todos sus gustos eran una mezcla de los de su madre y padre… Era encantador verla tocar y disfrutar de todo ello.
Después de unas horas, llegó el momento de cumplir la promesa que Anna le hizo, salir de palacio.
Habitacion del Rey
- Señor, los caballos ya están preparados – decía el sirviente.
- Bien – añadió el rey para poco después marchar camino a la zona trasera del palacio.
La verdad es que el rey no sabía nada sobre cuanta era la curiosidad de la princesa por el mundo exterior, y mucho menos, sobre todas las preguntas que le hacía de forma continua a Anna.
Celeste podía dar las gracias a diario por tenerla a ella como dama de compañía, ya que la ayudaba, la aconsejaba y muchas de las veces, la consolaba… se podría decir que había encontrado en ella a la madre que no había conocido.
La princesa y su padre se llevaban bien, pero el afán sobreprotector del rey, la enfurecía. Ella deseaba darse a conocer por todo el reino, deseaba que todos la conocieran en él… añoraba ver reflejado en sus ojos todos los relatos que releía una y otra vez cada noche a la luz de las velas… y soñaba, soñaba con un amor de cuento de hadas.
Tras observar por los ventanales de su recámara, como marchaba su padre a caballo, se giró en busca de Anna, que había comenzado a arreglar las ropas que cubrirían a la princesa para que no fuera reconocida.
- Mi señora… todo está preparado – añadió ella a la vez que comenzaba a desvestir a la joven y sustituía sus lindas ropas, por ropas de campesina. Tras ello, la cubrió con una capa de terciopelo negro y ambas salieron de palacio.






me gusta y me llamo la atencion
ResponderEliminarespero la conti!!! :3
jojojojo
Esta lindusino yo quiero leer, siiiii *w* y que sirpresas iran pasando a lo largo d la historia :)
ResponderEliminaroh!! que mas sigue?, no tardes mucho en poner el siguiente capitulo please!!
ResponderEliminareste fic me recordo una serie yaoi que vi hace no mucho cuando es una pareja que se conocen como hombre y mujer, pero cuando ella muera renace como hombre, y en ese dilema esta su relacion, bueno ademas de los problemas que tienen, ¿quire decir que celeste es la princesa? esta muy interesante.
ResponderEliminarHola patricia, pues... si te soy sincera... no lo he escrito en base a esa serie O_o
EliminarLa historia esta basada en mi propia imaginacion hahaha, lo hice por que mi hermana quería que le regalara un fanfic de princesas y de ello salio este.
Si preguntas si Celeste es la princesa, si... ella e Yves ^^ son los personajes de la primera parte de la historia de este fanfic.