CAPITULO 2:
Castillo de Cheverny
- Mi señor – decía un sirviente que entraba interrumpiendo una reunión del rey con el clero.
- ¿Qué ocurre? – decía él levantándose y apartándose a un lado de la sala para que sus invitados no lo oyeran.
- Su hijo… - añadió este fatigado – …los soldados de su majestad lo han localizado – decía este respirando con dificultad.
- ¿Dónde está ese mal nacido? – añadió el rey Flavio.
- Lo han localizado dirigiéndose a tierras francas, majestad – añadió incorporándose.
Cerca de las costas italianas, se encuentra el castillo de Cheverny, gobernado por el rey Flavio II, acompañado de su esposa, la reina Gabin y el príncipe heredero Yves.
Al rey se le conocía por su rudeza y frialdad…además de por lo implacable que era a la hora de gobernar. Era temido por cualquier hombre que se paseara por sus tierras, excepto por uno… su propio hijo, el príncipe.
Desde bien pequeño había sido el único que se había atrevido a llevar la contra a cualquiera de sus ideas o mucho peor, decisiones… y es que Yves, con 22 años de edad… no se veía metido en palacio, siendo agasajado por todo el mundo. Joven, apuesto… de ojos color miel y pelo rizado, era un hombre por el cual muchas princesas del reino suspiraban, cosa que su padre sabía y de la cual se aprovechaba.
Necesitaba acción, vivir su propia aventura fuera de los muros del palacio, o cárcel, en el que su padre le obligaba a estar. Estaba cansado de hacer caso a todo el mundo sin pensar o decidir lo que él quería en verdad, deseaba ser príncipe y futuro rey… pero también necesitaba ser él mismo, y tomar sus propias decisiones, así que para conseguirlo… decidió marchar de palacio, y abandonar tierras lombardas.
Aprox. a menos de 1 día de tierras francas
Se habían cumplido 5 días desde la marcha de Yves, y aún no había llegado a tierras francas. En aquel momento se daba cuenta de la locura que había cometido, pero ahora ya era tarde para volver. De seguro, su padre le estaría esperando con muchas ganas… ganas de darle una gran paliza y dejarlo arrestado en los calabozos de la mazmorra de por vida.
Continuo cabalgando hasta que la noche comenzó a hacerse presente en el paisaje, obligándolo a parar y refugiarse cerca de unos arboles que encontró en el camino.
- Bueno, es hora de descansar – dijo después de atar a su caballo en los arboles y apoyarse en unas rocas. Tomó su espada de la empuñadura, e intentó cerrar los ojos y olvidarse de todo.
A penas dormiría unas horas, lo suficiente para dejar que su caballo descansara lo necesario para continuar su camino. Cerró los ojos y el sueño lo invadió por completo… hasta pasar unas 5 horas, y ser despertado por un relinche de su caballo…
- ¿Por qué me has dejado dormir? –añadía preguntando a su caballo, para luego montarlo y continuar su camino.
Castillo Chambord
- Mi señora… - añadió Anna - …sé que no es cortés por mi parte, pero cuando lleguemos al mercado, no voy a poder llamarla como ahora – añadió cabizbaja – sino, creerán que es usted de la corte… y estaremos en un gran problema – volvió a decirle a la princesa.
- Tranquila… puedes llamarme por mi nombre – dijo la princesa – no te preocupes por nada…
- Bien señora… - dijo y ambas marcharon al mercado.
Celeste no sabía, que debido a sus deseos de ver el mundo fuera de palacio, estaría a punto de encontrarse con lo que Anna le había dicho antes… su príncipe azul. La cara de la princesa cuando llegaron al mercado, fue de completa sorpresa. Había leído mucho sobre aquel lugar, pero el que estaba viendo en aquel momento lo había dejado fascinada.
Todo el mundo hablaba entre sí, el sonido de las carretas…de los animales, el olor de la fruta fresca… y ver como todo el mundo sonreía en aquel lugar, la enamoro por completo. No era un lugar bello ni mucho menos, y tampoco aseado… ya que el olor a estiércol mezclado con la fruta, hacía que Anna tuviera nauseas, pero para la princesa… era algo nuevo, y fascinante. La princesa le cogió la mano a Anna y ambas se recorrieron el mercado.
- Buenos días joven… ¿te gustan? – añadió una tendera cuando vio a Celeste tomar una manzana roja con sus manos.
- Si… son rojísimas – añadió ella sonriente - ¿Cómo hace para que sean así? – preguntó curiosa.
- Simplemente las cultivamos con cariño y amor… - dijo la mujer – cógela, te la regalo… - añadió – pero no le digas a nadie que lo hice, o vendrán los mendigos a pedirme – le guiño el ojo.
Celeste simplemente sonrió, y se marchó del puesto de manzanas con una gran sonrisa. Hubiera deseado llegar a palacio y contarle todo a su padre, pero tan solo tenía clara una cosa, jamás se debía enterar este de su salida fuera de palacio.
Ambas continuaron su camino por el pueblo. La princesa estaba asombrada y curiosa por la forma de hablar y moverse de las personas ajenas a palacio. Todo era un mundo nuevo, y completamente distinto al que ella conocía, incluso los hombres la miraban de forma distinta… la ruborizaban, y la ponían nerviosa, cosa que en palacio, no le ocurría. Se sentaron en un portal y conversaron largo y tendido, sin darse a penas cuenta de las horas que eran.
Cuando quisieron darse cuenta, ambas se levantaron corriendo y salieron camino a palacio…rogando para que el rey no hubiera llegado y sabido que su hija no estaba en sus aposentos entrando en cólera, como solía hacerlo cuando sus soldados no ganaban en alguna batalla.
- ¿Ha llegado el rey? – preguntaba Anna a uno de los sirvientes en cocina.
- No, habéis tenido suerte – decía mirando a la princesa – os aconsejo señora, que no volváis a salir de palacio… - dijo en voz baja – se rumorea que el príncipe lombardo Yves está por nuestras tierras y si es igual de feroz que su padre – suspiró – es mejor que no os acerquéis a él... – añadió.
- ¿Yves? – pregunto ella en voz baja. Ese simple y extraño nombre la mantuvo en babia mientras ella y Anna subían a la alcoba e intentaban ocultar cualquier rasgo de lo ocurrido durante la mañana.
Mientras la princesa y Anna ocultaban las ropas, el rey llegaba a palacio con una gran caja en sus manos. En ella se guardaba uno de los trajes más bonitos que jamás se hubieran visto, terciopelo azul con pedrería engarzada. El rey sabía que Celeste adoraría llevar ese traje… pero lo que la princesa y el rey aún no sabían, es que ese traje, haría cambiar la vida de ella por completo.
Frontera tierras francas
- ¿Quién va ahí? – decía uno de los soldados al ver como se acercaba Yves en caballo.
- Soy el príncipe Yves, vengo de tierras lombardas – añadía el joven derrotado – os suplico que me llevéis a palacio – dijo – llevo 3 días de camino y apenas e descansado y comido.
- Si milord – añadía el joven – acompáñenos y le llevaremos hasta palacio – dijeron abriendo las puertas de la frontera.
El príncipe sabía de sobra, que la única manera de que su padre lo dejara tranquilo, era estando en el castillo del rey Jean-Claude. Ambos reyes no eran conocidos por tener una magnifica relación, todo lo contrario, los dos intentaban no acercarse el uno al otro, así que estaba seguro que cuando le contara al rey su situación, no se opondría a que el príncipe estuviera un tiempo en palacio.
Dos de los soldados del reino, escoltaron a Yves hasta las puertas de palacio, y ahí avisaron al sirviente del rey para que le diera la noticia de que le esperaban en la sala del trono.
- Mi señor – dijo el sirviente interrumpiendo al rey en su despacho – el príncipe Yves, del reino lombardo está esperándolo en la sala del trono – añadió – suplica que escuche su pedido…
- ¿El príncipe Yves? – dijo el rey extrañado.
- Si mi señor – añadió Marcus - …por lo que nos ha contado, le ha llevado 3 días de camino y apenas durmió y comió – suspiró.
- Está bien… vayamos – añadió el rey levantándose y acercándose a la sala del trono.
Sala del trono Castillo Chambord
- El rey Jean-Claude – se escuchó el aviso de la entrada del rey en la sala, y el príncipe Yves se agacho mostrando sus respetos hacia el.
Cuando el rey entro y se sentó en el trono, no pudo evitar fijarse en el joven que tenía frente a él. Mil veces mas apuesto y hermoso que su padre, capto la atención de él de forma rápida. Se levantó del trono y se acercó al joven, haciéndolo levantar.
- Por favor… levántate – añadió – ambos somos de la realeza – sonrió – así que ambos deberíamos doblegar nuestras rodillas el uno al otro – dijo feliz – pero ahora mismo no dispongo de la flexibilidad suficiente para hacerlo, así que dejémoslo – dijo el hombre.
- Esta bien… - dijo el joven – perdone mi intromisión en el palacio milord – suspiro.
- ¿A que viene esta visita príncipe? – preguntó el rey mientras ambos se dirigían a un lugar mas cómodo y tranquilo para hablar – Debes saber que tu padre y yo, no somos muy cercanos – añadió.
- Si milord, lo se – suspiró el príncipe - …escapé de palacio por la misma razón – añadió dejando sorprendido al rey – mi padre me trata como si fuera un sirviente mas en sus manos – le explicaba el príncipe – estoy arto de decida y haga de mi vida lo que el desee – añadió – sé que seré el próximo rey, pero ello no le da la venia para que haga de mi un clon suyo perfecto – dijo triste el príncipe.
- Vaya, había escuchado rumores… - dijo el rey – pero no sabía que eran aún peores – añadió – Haremos una cosa – dijo el rey - …estarás hospedado en palacio por unos días – añadió – mientras tanto esperaremos a que tu padre envíe a alguien y después tú decidirás qué hacer – contesto.
- Gracias milord – dijo el joven – se lo agradezco – sonrió.
- Ahora, les diré a mis sirvientes que te preparen una habitación y un baño caliente – añadió el rey – ya que estas ahora con nosotros – hizo una pausa – agradecería que comieras con nosotros – sonrió el rey.
- ¿Con ustedes? – preguntó el príncipe.
- Mi joven hija y yo, por supuesto – añadió el rey.
- Estaré encantado de acompañaros – contesto el príncipe.
- Hasta entonces pues – dijo el rey – yo me marcho, tengo algo que hacer antes de la comida – dijo sonriente.
- Hasta entonces milord – añadió el príncipe para después hacer una referencia.
Poco después, se le avisó al joven de que su habitación y su baño estaban preparados. Además, el rey puso a disposición del príncipe alguno de sus trajes cuando era joven, para que así pudiera cambiarse y sentirse cómodo entre ellos mientras durara su estancia.
Mientras tanto, el rey tomó la caja con el regalo para su hija y junto con su sirviente se acercó a la alcoba de esta.
- El rey ruega verla mi señora – dijo Anna tras escuchar el anuncio del sirviente.
- Dile que pase – dijo Celeste que en aquel momento miraba los jardines desde el mirador de su habitación y entraba a recibir a su padre.
- Mi pequeña… - dijo el rey al verla - ¿Cómo estuvo tu día? – añadió.
- Bien padre… - contestó mientras miraba a Anna de reojo – disfruté del paseo y la costura – añadió ella – padre… ¿Qué llevas en esa caja? – dijo ella mirándola fijamente,
- Un obsequio para la dama mas preciosa del reino – añadió el con una sonrisa – mandé hacerlo de encargo para vos princesa – dijo su padre amablemente.
- Padre! No debería de haberlo hecho – dijo ella feliz – no tendré baúles suficientes para guardar todas mis ropas – añadió ella.
- ¿Le darás el gusto al rey de ponéroslo para la comida? – preguntó sonriente el.
- Por supuesto – añadió ella feliz mientras lo sacaba de la caja y se quedaba maravillada - …es precioso… - suspiró, para después abrazar a su padre y darle un beso en la mejilla.
- Nos vemos entonces – añadió el – oh, por cierto… - se giró – el príncipe lombardo Yves comerá con nosotros hoy – le comentó.
- ¿El príncipe Yves? – preguntó ella.
- Si, se hospedará con nosotros unos días – dijo el rey - …así que espero que me ayudes a que se sienta lo mas cómodo posible en palacio – añadió.
- Si padre… - sonrió ella – le ayudaré en todo lo que pueda… - dijo ella feliz.
Su padre se marchó de la habitación y la dejó con los nervios a flor de piel. Era la primera vez que vería un príncipe de otro reino, y apenas sabía como comportarse ni que decir o hacer. Anna se percató de ello y se acercó sonriente a ella.
- Dicen que es un hombre muy apuesto – añadió Anna mientras la acercaba a la mesa del tocador y comenzaba a arreglar su pelo – no esté nerviosa… - dijo ella mirando como la princesa tenia la mirada ida – tan solo tiene que ser usted misma y disfrutar de la compañía del príncipe…
- ¿Tan apuesto es? – preguntó ella curiosa.
- Ya lo verá durante la comida… - dijo Anna – ahora la dejaré bien bonita para que ambos disfruten de su hermosa compañía – añadió Anna mientras cepillaba el pelo de la princesa y comenzaba a trenzarlo para hacerle un recogido y adornarlo con varias alfileres de piedras azules que su padre le habría regalado durante sus cumpleaños pasados.
Anna comenzó a desvestir a la princesa mientras observaba como los movimientos de esta eran torpes y nerviosos. La princesa era inexperta en cuanto a la compañía de hombres, y la petición de su padre de acompañar al príncipe durante la estancia en palacio la había puesto en un aprieto. Celeste estaba nerviosa, pero sabía que en cualquier momento podía pedir ayuda de Anna, ya que ella era quien la aconsejaba y le ayudaba en aquellas cosas que apenas sabía.
- Princesa… vamos a vestirla – añadía Anna haciendo que Celeste se levantara después de aplicarle un poco de polvos blancos y algo de carmín rosado en los labios – dese la vuelta por favor – le indico ella para colocarle el vestido por encima de la cabeza sin dañar el recogido – su padre tiene mucho gusto para los trajes – añadió ella mientras se giraba y comenzaba a abotonar el traje.
- Si, es precioso – dijo Celeste mientras miraba como le sentaba puesto y se daba cuenta de lo linda que estaba con el – aunque yo lo hubiera elegido menos atrevido… - dijo ella mirando su escote.
- Una dama debe lucir atrevida pero no dispuesta – añadió Anna – los trajes son para lucir nuestro cuerpo señora y… - hizo una pausa – usted tiene un cuerpo muy bonito para taparlo con tantos trapos – sonrió – además, cuanto mas se tape… mas hombres querrán destaparla – añadió entre risas.
- Anna! – dijo ella sonrojada.
- Perdone señora… - dijo ella aguantándose la risa – ¿Está preparada? – preguntó ella.
- Si… vamos – dijo sonriente y marchó al comedor






que lindo ya quiero la continuación se esta poniendo interesante
ResponderEliminarWooo q lindo, tanto celeste como yves quieren vivir aventuras diferentes y ahora ambos se conoceran, cuantas aventuraa viviran, definitivamente.esta historia me encantara *w*
ResponderEliminarSe ve increible, me encantan los principes, tanto celeste como yves son geniales, ahora estas almas gemelas tendran su primer encuentro *w* se enamoraran a primera vista? Actualizalo please :)
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