CAPITULO 4: Atado a un destino.
Ya habían pasado 20 años del nacimiento de Pan cerca de aquel lago, donde Zeus e Hibris lo concibieran aquel día. Pero lo que no sabían ni él ni su madre, es que no toda su vida sería un cuento de hadas maravilloso como hasta ahora había sido. Si algo se sabía en el Olimpo, es que el destino de cada uno estaba hilado por las Moiras, las cuales, decidían el rumbo de nuestra vida… nuestro camino a seguir, así como el día de nuestra muerte.
Pan… tenía un destino… su vida estaba encaminada a cumplir con su cometido, como la de todos aquellos que nacían con poder de Dioses en su sangre.
Hoy era el cumpleaños del semidiós, cumplía 20 años, 20 años en los que su vida había sido lo más parecida a la de un humano corriente. Había recibido sus estudios y su madre lo mantenía a raya en cuanto a las chicas que se le acercaban, y aunque no tenía muy claro el por qué lo hacía su madre, estaba claro que algo ocurría.
- Madre… ¿algún día me explicarás tu obsesión por no dejar que me acerque a ninguna mujer?
- Debes esperar hijo… solo debes esperar….
- ¿Esperar a qué madre? ¿A que sea como mi padre?¿A casarme con alguien de quien no estoy enamorado? ¿A eso?
- Hijo por favor… ¿podrías dejar este tema a un lado por hoy por favor?
- Está bien…
- Hoy debemos ir a ver a las Moiras… es tu 20 cumpleaños, y debes saber tu cometido en el mundo hijo…
Pan tan solo pudo asentir a lo que su madre le terminaba de arreglar sus ropas. Las Moiras eran las Diosas del destino y ellas tenían la capacidad de poder saber todo sobre tu futuro, siempre y cuando pagaras un precio, un precio que pagaría su madre. Precio que solo pondrían las Moiras.
Ambos se adentraron rumbo a la morada de estas, cerca de los templos de los demás Dioses, pero a las afueras, pues a los humanos y otros seres no les estaba permitido adentrarse en lugares sagrados. Todo era silencioso, frio, reluciente por el blanco de las paredes. Pan lo miraba todo con suma atención, tanta que podía incluso verse reflejado en aquellas paredes. Continuaron caminando hasta encontrarse con una recámara oscura, y una voz les llamo.
- Pan… te estábamos esperando… -dijeron tres mujeres a la vez- Solo tú… pues es tu destino…el que conocerás…
- Madre… -el joven se asustó en ese mismo momento.
- Ves hijo, yo estaré aquí… no me marcharé…
- Acercate… tenemos mucho sobre ti joven Pan… -añadieron de nuevo a la vez.
- Gracias por atenderme mis Diosas… -el se inclinó tal y como su madre le había dicho, quedando de rodillas.
- Un chico educado… -las tres voces rieron- Querido Pan… tu padre… Zeus… -añadieron casi en un chillido- …tendría problemas si te quedaras aquí… -continuaron- Tu destino, va atado a otro lugar…
- ¿A otro lugar?
- Tu destino… tu cometido… -susurraron las tres- Pan… tu naciste para ser el Dios de la fertilidad y la sexualidad desenfrenada… -añadieron-
- ¿Qué? Pero… ¿Cómo?
- Ven aquí… -las tres Moiras alzaron sus manos- Toma nuestras manos…
Pan se acercó a ellas y cuando posó sus manos sobre las de ellas, noto como una corriente le recorrió por completo todo el cuerpo. Su piel había cambiado de tono, era morena… bronceada, y sus musculos se habían hecho fuertes. Su corazón latía fuerte, y tenia deseos de desahogarse…
- Ahora ese eres tú Pan… -un espejo apareció delante de él.
Su imagen había cambiado al completo, su pelo rubio, ahora era negro azabache… y sus ojos azules, que había heredado de su madre, eran marrones tirando a miel. Se quedó asombrado al notar como su musculatura de había fortalecido hasta verse como un hombre prácticamente adulto, y las miró asombrado.
- Pan… ahora podrás sentir como el poder de los Dioses fluye por tus venas…
- Lo…Lo noto… -añadió moviendo sus manos.
- Pan… hay algo más que debes saber…
- ¿Qué cosa?
- Esto… tiene su precio joven Pan…
- ¿Un precio?
- Si… un precio que deberás pagar obligado, pues es tu destino y tu condición de semidiós Pan…
- ¿Qué precio es ese?
- Serás desterrado a las afueras del Olimpo… -dijeron las tres a la vez- Tu nueva morada será…-susurraron- A las grutas del Parnaso irás…
En aquel momento Pan se quedó estático, iba a tener que vivir lejos de su madre, de sus tías, de toda la familia. Aquello le rompió por dentro, y no dejaba de preguntarse por qué su destino había sido tan cruel con él. Su madre se quedaría sola por completo, y jamás volvería a verla. Cerró sus ojos y tan solo acepto con la cabeza, escuchando tras ello una risa ensordecedora de las tres Diosas.
- ¿Pan? – Hibris no conocía a su hijo al verlo salir totalmente cambiado.
- Si madre, soy yo… - el levantó la mirada, la cual había cambiado de color también.
- ¿Qué…Qué te han dicho hijo mío?
- Madre… hoy será el último día que me vea… -susurro él angustiado- Yo, seré desterrado a las grutas del Parnaso…
- ¿A las grutas? Pero… ¿por qué allí hijo mío? –dijo ella afectada por la noticia.
- Es mi destino… allí hallaré el camino a seguir…
- Entonces debes hacerlo Pan…
En el mismo momento en que Hibris dijo aquello, Pan desapareció. Las Moiras habían hecho efectivo el pago en ese mismo momento. Pan despertó cerca de un lago, tumbado sobre la hierba, con tan solo una bermuda blanca de algodón que ocultaba sus grandes dotes masculinas. Si, si una cosa le había gustado era haberse encontrado con ello cuando se vio al espejo. Se incorporó de aquella hierva, y frente justo de sus ojos apareció un chico.
Sintió como su entrepierna se excitaba sin tocarlo siquiera, y aquello le sorprendió. En un segundo, cuando se sintió tan duro que no podía aguantarlo, recordó las palabras de las moiras “El Dios de la sexualidad masculina desenfrenada” y de nuevo volvió a sonreir.
Aquel muchacho no le quitaba el ojo de encima, y Pan tan solo mordió su labio y le miro de forma intensa. Le hizo una señal al chico con su mano para que se acercara, y tras un suave sonrojo en sus mejillas el joven estaba tan cerca de sí como para embriagarse por ese aroma a flores que desprendía su cuerpo. Pan jaló de su mano y lo tumbó en la hierva, y con ello, el se colocó encima.
Su miembro, quedó apoyado entre las piernas del joven muchacho que jadeaba ante ese contacto. Enrollo las piernas alrededor del cuerpo de Pan, y en solo minutos después, Pan lo estaba tomando de una forma tan salvaje y apasionada que tan solo se escuchaban los gemidos del otro rebotar en el aire. El cuerpo de Pan no se cansaba, y cada vez que embestía, sentía más y más placer, podría estar embistiendo a ese joven una y otra vez.
Le hizo colocar sus piernas apoyadas en sus hombros y tras levantar la cadera del joven, comenzó a embestir con más y más fuerza, chocando en el final de este, y notando como el joven se corría sobre su torso, corriéndose él minutos después en el interior de este, gimiendo alto y notando como su poder de Dios lo envolvía al completo.
- ¿Qué…es esto?
- Mi…señor… solo usted tiene este poder…
- ¿Qué poder…?
- …puede poseer a quien guste… hacerlo con quien guste…
- ¿De verdad…?
- Tan solo debe ser hombre mi señor… ninguna mujer…
- ¿Por qué…?
- Su poder… solo nace del deseo carnal entre hombres…
El joven se levantó de aquel suelo, y se colocó sobre Pan, que yacía tumbado en el suelo, y con sus manos volvió a meter el miembro del semidiós en su entrada y comenzó a auto embestirse. Pan curvo su espalda ante tan exquisito placer. Sentía de nuevo su miembro totalmente erecto, rozando en el interior de este al completo a la vez que clavaba sus dedos y los deslizaba por los muslos del otro, hasta llegar al trasero de este y comenzar a guiar en las embestidas.
Minutos después, y entre gemidos altos… Pan volvía a irse en el interior del joven, haciendo que sus poderes aumenten, notando como se hace poderos y aquello le comienza a gustar demasiado.






dime que Pan es Yunho cierto? cierto?
ResponderEliminar